El País publicó hace unos días un artículo sobre la censura en Internet. En él se presentaban los resultados de una investigación realizada por el grupo Open Net Initiative (ONI) (en el que participan los más prestigiosos centros de investigación en temas de la Sociedad de la Información) que 25 países ejercen la censura de webs con contenidos políticos o sociales “peligrosos”, e impiden el acceso a aplicaciones como YouTube o Google Maps. Dice, además, que la censura en Internet está aumentando en escala, alcance y sofisticación en todo el mundo, en muchos casos gracias a la colaboración de empresas occidentales. Sorprendido y preocupado por los resultados, quise investigar un poco más este tema. Y aquí están los resultados.

El estudio de la ONI se basó en 41 países escogidos como los lugares donde “había más por aprender sobre el gobierno y su vigilancia” (muestra en la que no se incluyó a Estados Unidos y determinados países de Europa, a pesar de poseer en algunos casos importantes niveles de control de la red). Los resultados arrojan, de todas formas, que los países donde se filtra más contenido son Birmania, Irán, Pakistán, Arabia Saudita, Siria, Túnez, los Emiratos Árabes Unidos y Yemen. Y que con distintos matices, los rubros en donde se aplica el estudio son la política y el poder, asuntos de seguridad, y normas sociales. Corea del Norte, por ejemplo, silencia lo que se refiere a Corea del Sur. En otros casos, la presión se practica sobre disidencias en los hábitos sociales o las normas, algo que ocurre en China, Vietnam, Birmania, Siria, Irán, Yemen Arabia Saudita y Túnez.

Pero, ¿cómo es que esta censura se implementa? Bueno, además de los filtros que pueden usar los propios usuarios (como aquellos que protegen la navegación de los más pequeños o el uso de Internet en las compañías) hay diferentes soluciones para censurar el tráfico en Internet, que pueden muchas veces combinarse entre sí. Entre ellas se encuentran:

1. Bloquear URL´s usando el servidor DNS; de forma que cuando busques una IP que está censurada, el servidor DNS no te enviará nada o te enviará a una dirección con un mensaje de “lo siento…”.

2. Uso obligado de un servidor proxy o proxy transparente; de forma de limitar las conexiones de red que un cliente hace a un servidor de destino, incluso sin el conocimiento del usuario.

3. Filtración de contenidos; de forma que todo el tráfico de Internet pasa por el servidor del censor, el cual escanea el contenido en busca de “malas palabras” y bloquea los sitios que las contengan.

4. Bloqueo de puertos; de forma de que todo el tráfico dirigido a ese puerto se rechace.

5. “Lista blanca”; A diferencia de los filtros que se basan en una “lista negra” (que listan los sitios a los cuales no está permitido el acceso) la “lista blanca” trabaja de manera opuesta: el acceso a todos los sitios está bloqueado excepto para algunos especiales. Este sistema es usado generalmente en terminales de acceso gratuito que están esponsorizados por alguna compañía, la cual permite, por ejemplo, libre acceso a sus sitios de comercio electrónico.

China es sin lugar a dudas el caso más citado como ejemplo y alarma ante la cibercensura. Y sirve tomar este ejemplo para ver cómo es que estas herramientas funcionan en la realidad. Como bien explica “Reporteros sin Fronteras”, la arquitectura de la Red china se concibió desde su origen para permitir el control de la información: en ella sólo existen cinco backbones, por lo que cualquiera que sea el proveedor de acceso utilizado por el internauta, sus e-mails y los documentos que descarga transitan necesariamente por esos nudos de conexión. El gobierno chino ha comprado, además, tecnologías y material puntero en empresas norteamericanas (Cisco Systems vendió varios miles de cursores – a más de 16.000 euros la pieza – para formar la infraestructura de vigilancia del régimen y sus ingenieros ayudaron a parametizar el material) que le permiten leer y filtrar las informaciones transmitidas por la Red. Esto le permite al gobierno bloquear cientos de miles de sitios, yendo desde sitios informativos a publicaciones sobre las minorías étnicas, pasando por la pornografía, el movimiento espiritual Falungong o los derechos humanos. Algunos se bloquean por su dirección IP, otros por el nombre del dominio, pero también han aparecido métodos más sutiles, como el bloqueo de DNS. Y si bien algunos usuarios del consiguen eludir la censura (por ejemplo, conectándose a la Red a través de servidores con sede en el extranjero), la policía dispone de medios para filtrar contenidos y saber quien consulta sitios prohibidos, o envía correos electrónicos “peligrosos”.Tanto es así que en 2004, 61 personas estaban presas en China por publicar en Internet textos considerados subversivos. Y 17 de esos internautas habían sido condenados a penas que llegaban hasta los 14 años de cárcel.

Pero la cibercensura no es propia únicamente de los países no democráticos. Estados Unidos, por ejemplo, fiel a la Primera Enmienda de su Constitución, no censura Internet en su territorio. Sin embargo, sí implementa formas más sutiles o concretas de censura que son igualmente reprochables. Tras el escándalos por la difusión en Internet de las fotos de los soldados americanos torturando a prisioneros iraquíes encapuchados, el Ejército de Estados Unidos, ha incrementado las restricciones en el uso de Internet de sus soldados. En este mes de Mayo, un memorando enviado por un comandante de las Fuerzas Estadounidenses en Corea, advierte que bloquearán en los portales militares el uso de YouTube, MySpace y otros once sitios, so pretexto de que la organización terrorista Al Qaeda puede aprovecharse de esta información para perpetrar atentados en puntos estratégicos. Tras el éxito del blog “My War: Killing Time in Iraq”, se incrementarán, además, las restricciones en los blogs de los soldados, así como su participación en foros y similares. Al punto que existe una nueva legislación que los obliga a consultar con su superior inmediato qué información es considerada ‘de seguridad operacional’. De esta forma, todo lo que los soldados publiquen en la web deberá ser anteriormente revisado, incluyendo cualquier texto, post o discusión en foros y correos electrónicos que no sean personales.

En el caso de Fon nos hemos encontrado con la cibercensura on este caso digamos cibercontrol por ahora solo en el Reino Unido. El Reino Unido tiene el sistema de espionaje de internautas más sofisticado del mundo. Todos los ISPs, y en el caso de Fon nos consideran un ISP, tienen que poder dejar al gobierno inglés espiar en cualquier momento lo que está haciendo cualquier internauta. Por eso no hemos lanzado en el Reino Unido aún (aunque tenemos bastantes foneros ahí). Porque para operar ahí necesitamos construir una infraestructura complicadísima y carísima. Los ciudadanos ingleses parecen apoyar esta medida porque confían en que su gobierno no va a hacer nada malo con esta información y están preocupados por el terrorismo. Para Fon esto significa crear túneles de la conexión de cada fonero a un servidor nuestro que luego puede ser interceptado por las fuerzas de seguridad y que está conectado a Internet.

Claramente, el tema de la cibercensura y cibercontrol presenta matices y, como todo en esta vida, tiene sus dos caras y un límite bien fino entre ambas. Porque por más que defendamos la libertad de expresión, no estamos de acuerdo con la pedofilia, racismo o la violencia en la red. Pero el hecho es que menos del 3% de la actividad en línea es realmente inquietante y si bien las autoridades no pueden ignorarlo, ésta no es la razón más común detrás de la cibercensura. Por el contrario, el argumento detrás del control de la red es casi siempre (especialmente después del 11-S) la lucha contra el terrorismo y la seguridad de los países.

Ahora bien, más allá del debate y sus consecuencias a nivel mundial, ¿qué es lo que podemos hacer para evitar y combatir la cibercensura? Muchos de los organismos más activos en este campo tienen herramientas de participación o campañas en línea a las que podemos adherir. Entre ellos: Reporteros sin Fronteras, que además de organizar distintas manifestaciones lanzó un manual para ciberdisidentes; Amnistía Internacional, con su campaña Irreprensible; y la Electronic Frontier Foundation y su campaña Blue Ribbon. Por otra parte, para evitar ser censurados en nuestro uso de la red podemos usar herramientas como Psiphon, una herramienta de código abierto para burlar la censura que desarrolló el laboratorio de investigación Citizenlab, de la Universidad de Toronto (Canadá). O Relakksm, una red oscura comercial lanzada por mi amigo Jonas Birgersson, que ofrece una IP neutral por encima del servicio ISP existente a través de una conexión VPN encriptada. Es decir: que te permite enviar y recibir archivos e información a través de Internet sin temor a que te puedan supervisar. Diferentes alternativas son también, entre otras: Tor (de código abierto y para combinar con Firefox), Ultrareach (ejecutable en plataforma Windows y especialmente diseñado para usuarios de países con altos niveles de censura) y S.Y.M.P.A. (para navegar, mandar correos y chatear de forma anónima), Anonymouse (un proxy anónimo sólo disponible en Inglés y Alemán) y BrowseAtWork (una extensión que se incorpora a Firefox para la navegación anónima).

Con la colaboración de María Frick.

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