Cuando era chico estaban de moda unos absurdos chistes como cual es “el colmo de un zapatero”, “el colmo de un bombero”, bueno, hoy me tocó vivir el colmo de un maquero, que es simplemente, pasar de mac a mac. El tema es este, tengo una colaboradora alemana, ayudante, mano derecha, que lleva todos los temas de prensa, conferencias, logística y quien hereda mis ordenadores. Se llama Nina. Creo que es triste contar cómo se fué desdibujando su sonrisa al heredar mi Vaio cuando me compré la MacBook y su vida se transformó en una lucha constante contra los estados de ánimo de Microsoft.

Si no fuera que Nina es alemana diría que en Asia, a la quinta vez que la Vaio la dejó colgada en un momento crítico tipo rueda de prensa, terminó llorando, pero no, a los que se nos pianta un lagrimón somos nosotros, a los argentinos (don´t cry for us though). Los alemanes no lloran, se ponen furiosos y así estaba Nina cuando la Vaio se puso de vuelta, toda azul con letritas blancas y ella no pudo seguir trabajando (cuesta creerlo pero los alemanes se ponen furiosos…. cuando no pueden seguir trabajando). Reiniciar, reiniciar, decía refunfuñando en alemán porque los alemanes saben efurecerse…sin gritar. Antes Windows no me hacía estas cosas insistía al sufrir los embates incomprensibles de el programa más ciclotímico de la red. Así fué que pese a los penales que nos encajaron en el mundial, en un impulso incomprensible, le tuve una enorme compasión y eligiendo un idioma neutral le dije, “don´t worry Nina, I know what you are going through, I will give you my MacBook that is all ready to go, I will get myself another one”.

No se si escucharon la historia del milagro de San Martín pero si no la saben se enterarán de un milagro cristiano de la boca de un judío que no cree en estas cosas, salvo que en este caso es demasiado apropos para no usarla en mi relato. San Martin era un soldado muy correcto en las tan políticamente incorrectas cruzadas. San Martín era tan generosamente cristiano que dandole trozos de su abrigada capa a pobres que veía camino a Jerusalén se quedó congelándo… hasta que Dios, emocionado por su bondad, hizo brillar un rayo de sol que le acompañó hasta su destino. ¿A qué viene esto? A que luego de prometerle la Mac a Nina me sentí como San Martín muerto de frío. ¿Se entiende? “Estoy loco” pensé, ahora que tengo esta maravilla de Mac funcionando a tope, ahora que superé los microsoftraumas que me acompañaron durante 20 años ¿Le voy a dar mi primera Mac a Nina? ¿Qué me agarró? ¿Un acto incomprensible de compasión? Pero bueno, las promesas se cumplen y esas absurdas palabras en inglés habían sido ya pronunciadas así que me puse en plan de cumplir con mi compromiso. Resulta que al rato caemos en el aeropuerto de Hong Kong veo una la MacBook negra, la de 120 gigas y me seduce. Por las dudas controlo el precio rápidamente con mi N90 chupando WiFi gratis de PCCW (sorry Vodafone) y veo que los 1211 euritos al cambio del día eran una gangachollo comparados con los 1469 que me tiraba FNAC desde la otra punta del planeta. Y como en China todo se negocia, hasta en el aeropuerto, me pongo duro y le saco a la vendedora un Mighty Mouse inalámbrico gratis (es que yo no soy San Martin, yo soy San Martin….Varsavsky). Pero bueno esa era la mitad de la historia. Sacar la MacBook de mis sueños a un buen precio (la MacBook Pro es muy pesada para mi estilo nómade urbano). La otra mitad era que luego de haber agonizado con los cambios de compus por 20 años con Microsoft sabía que comprar una nueva laptop es fácil. Lo terrible es cargarla. Además no tenía la más mínima idea de cómo se pasaba info de mac a mac y tan c…. de frío como estaba San Martín así estaba yo de desesperado ya que como decía el otro San Martín me estaba por quedar en pelotas (como nuestros hermanos los indios). Así es que tiritaba de preocupación hasta que vino….el colmo de la mac. Y el colmo de la mac es que con un absurdo y ridículo cable firewire y en solo una hora y sin que yo haga nada de nada de next, next y next como le gusta a microsoft, con solo apretar un botoncito vino el verdadero milagro y fué que mi MacBook negra obtuvo todos los datos de mi MacBook blanca. Tan exacta era la réplica que parecía que hasta el alma blanca de la MacBook se había deslizado por el cable cuyo apropiado gris marcaba la transición perfecta entre la una y la otra. Sin esfuerzo había cambiado de blanca apetitosa a negra fortachona.

Ahí estaba, Dios me había dado mi rayo de sol, para los microsofteros (¿suena a bosteros no? y ojo que yo soy de Boca pero no bostero), esto era un verdadero, auténtico y p…. milagro. No solo se pasaron todos los programas, todas las carpetas, todos los correos, todas las fotos, todas las direcciones, todas las canciones, sino que en la nueva MacBook negra estaban todos los datos estaban metidos en sus programas exactamente como los tenía en la MacBook blanca. Era increible, las fotos en sus carpetas, las canciones en sus listas, las direcciones en su agenda, los cookies en el firefox, las constraseñas, hasta todo lo de Windows que tenían en Parallels pasó para el gran engaño del mundo Microsoft a quien no le tuve que pagar nada más por ninguna de todas las cosas que me copié que por supuesto eran mías pero ¿Cuántas veces en el entorno Microsoft terminé pagando por lo que ya era mío?

Mientras escribo este post con la Macbook negra reluciente con su chip más rápido y sus 120 gigas debo reconocer que algo traidor me siento de haber dejado a la MacBook blanca, mi primera macnovia. Es más, se que muchos me podrán acusar de que todo esto era una gran estrategia para conseguir unos míseros 60 gigas más. Pero listo para censurar ese tipo de comentarios y contento creyéndome todo tipo de San Martín yo insistiré que lo mío fué un acto de compasión hacia una víctima de Microsoft, una pobre chica que si no hubiera sido alemana insisto, hubiera llorado de la emoción al recibir a Macblanca.

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