En las últimas semanas mantuvimos extensas conversaciones con distintos actores del sector aeronáutico. Por un lado, con Ernesto Ramírez, de Lan Chile, y con Ricardo Jaime, secretario de Transporte de la Nación y, por otra parte, con Pepe Hidalgo, de Air Europa, y Magnus Thornstein, de Air Atlanta. Así, llegamos a algunas conclusiones que nos llevaron a desarrollar un plan de salvataje de Southern Winds relativamente sencillo, y cuyo punto de partida estuvo dado por una oferta de 100 mil dólares a Juan Maggio por sus acciones de Southern Winds.

Ahora bien, ¿cuál sería nuestro plan?

En primer lugar, debo aclarar que sólo compraríamos tales acciones si Lan Chile decide acompañarnos y hacerse cargo de los vuelos de cabotaje de Southern Winds. De lo contrario, sin la participación Lan Chile, no nos embarcaríamos en el proyecto porque no forma parte de nuestro plan competir con la aerolínea chilena en el mercado de cabotaje. Aunque Southern Winds tiene expertos pilotos y maravillosas azafatas –a quienes conocí en algunos de los vuelos que hice entre Buenos Aires y Madrid– no creo prudente competir contra una Aerolíneas Argentinas casi monopólica y Lan Chile, una de las mejores líneas aéreas de todo mundo, que entrará con mucha fuerza en el mercado argentino. Quizá sí sería oportuno incursionar más adelante, con un modelo de bajo costo (low cost), pero este no es el momento para hacerlo.

De este modo, si Lan Chile no asume la operación del cabotaje de Southern Winds, no estaríamos en condiciones de comprar la empresa. Por el contrario, si Lan Chile entrara con nosotros y se encargara de los vuelos de cabotaje, nosotros sí estaríamos dispuestos a hacernos cargo de los vuelos internacionales, junto con Air Atlanta –la dueña de los Jumbo que usaba Southern Winds para sus vuelos entre Buenos Aires y Madrid– y Air Europa –una gran aerolínea española que pertenece a un grupo que dirige el empresario Pepe Hidalgo y que factura 2400 millones de euros anuales, aun más que Marsans, el grupo que controla a Aerolíneas Argentinas–. En ese caso, el esquema sería el siguiente: nosotros nos ocuparíamos del marketing y de la atención al pasajero en los vuelos, Air Atlanta se encargaría de los aviones y Air Europa se concentraría en la venta de los pasajes.

¿Cómo sería la puesta en marcha? En primer lugar, compraríamos a Juan Maggio las acciones de Southern Winds y, de inmediato, ejecutaríamos dos contratos que, en inglés, reciben el nombre de wet leases. Por medio de ellos, Southern Winds se dividiría en dos partes: por un lado, el de los vuelos de cabotaje, liderado por Lan Chile, y, por otro, el de los vuelos internacionales, liderado por mi empresa, Air Atlanta y Air Europa, que, en conjunto, operarían bajo el nombre de flyAZUL, una nueva compañía que ofrecería a los argentinos contar con la primera aerolínea de bajo costo intercontinental para viajar a Europa con los precios más económicos.

Por otra parte, los contratos del tipo wet leases deberían ser aprobados por el juez competente en la convocatoria de acreedores, pues sin la autorización judicial tampoco se podría llevarse a cabo la operación y se abortaría el plan. Los acreedores de Southern Winds –entre los que estamos nosotros y también Air Atlanta– ya no tendríamos mucho que ganar, puesto que sin los wet leases los gastos mensuales de la compañía en la actualidad representan pérdidas enormes que tornan cada día más difícil sostenerla.

Sin embargo, si se ejecutaran los wet leases, los acreedores podríamos aspirar a una Southern Winds casi sin gastos y a una conversión de sus deudas en acciones. Además, eventualmente, cuando flyAZUL y Lan consigan sus respectivas rutas y sus permisos, quedarían en las manos de esos acreedores las acciones de una empresa sin deuda y, ya convertidos en accionistas, tendrían la posibilidad de venderlas a los nuevos operadores o potenciales inversores.

En relación con flyAZUL en sí, la nueva aerolínea de bajo costo intercontinental, tenemos muchas ideas muy divertidas. Por ejemplo, aspiramos a crear un ambiente muy Internet, que permita que los pasajeros tengan la posibilidad de chatear entre sí antes de su vuelo y puedan elegir con quién sentarse a partir de la onda y las ganas que tengan. Es posible que tengan afinidad por cuestiones laborales, familiares, por amistad o por “ligue”, cada uno con su tema.

También pensamos en crear clases novedosas y a la medida de los distintos pasajeros. Una de ellas, por ejemplo, sería la clase Zen, algo como un espacio “déjenme en paz”, para quien desea dormir o viajar en silencio, no hablar con nadie y que no le molesten. Pensamos que en un Jumbo con capacidad para 400 personas resulta muy conveniente separar a la gente que quiere divertirse de los networkers, y a los grupos familiares de quienes buscan tranquilidad. Una buena disposición de los espacios dará lugar a un mejor ambiente durante los vuelos. Nuestra intención es aumentar la posibilidad de que un pasajero vaya sentado junto a otro que le simpatice y reducir las probabilidades de que viaje junto a uno que le caiga mal. Claro, no podemos garantizarlo, pero sí que podemos mejorar la onda en la cabina en comparación con el estilo gallinero (sin perjuicio a las gallinas) que en la actualidad presenta la mayoría de las aerolíneas.

¿Y qué haríamos para evitar que nos pase lo que le pasó a Southern Winds con el contrabando de drogas? Este es un tema difícil, pero el plan contempla invitar a la Guardia Civil y a la DEA a que envíen a sus propios agentes en nuestros aviones. Además, abriríamos la aerolínea a todo tipo de investigaciones a fin de enviar un claro mensaje al narcotráfico: en flyAZUL se hará todo lo razonablemente posible para que la droga –que enferma y mata– no pase.

En definitiva, esto se trata de un resumen. Hicimos la oferta y, hasta el momento, ha sido rechazada por Juan Maggio. La aerolínea Lan está interesada, pero no comprometida a sumarse a nuestro plan y hacerse cargo de las operaciones de cabotaje. De mantener esa postura, nosotros desistiríamos, ya que no queremos quedarnos con los vuelos nacionales y competir con ella, una gran empresa con mucha experiencia en el sector aerocomercial.

Sin embargo, si Juan Maggio acepta vender y Lan Chile accede a operar los vuelos de cabotaje, la cosa pintaría bien. En ese contexto, nosotros lanzaríamos flyAZUL y ellos Lan Argentina con mucha fuerza. Habría trabajo para todos los empleados de Southern Winds en un ambiente nuevo y positivo, y a su vez el gobierno pasaría de tener una situación indeseada como la actual –en la que los empleados no vuelan y los argentinos no tenemos opciones– a una en el que el sector aeronáutico se revitalizaría y contaría con buenas opciones y competencia a favor de los pasajeros.

Pero no quiero ilusionar a la gente. Ya sea porque Juan no vende, porque Lan Chile no elige sumarse a nuestro proyecto, o bien, porque surgen nuevos e inesperados obstáculos que terminan expulsándonos a nosotros, es posible que este plan fracase. Más aún en vista de lo que ha sido hasta hoy el desarrollo de esta (trágica) historia.

Por último, quiero aprovechar la oportunidad para explicar que los comentarios realizados por los visitantes a este sitio tienen derecho a réplica y que mi correo electrónico es martin@martinvarsavsky.net. He decidido contar mi plan y, si alguien encuentra algo razonable en contra de él, lo invito a que me lo diga ahora. Quién sabe, quizá, si antes hubiera hecho esto mismo es posible que no me hubiese metido en el lío en que me metí al financiar los aviones de Southern Winds.

Saludos a todos.

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