Anoche cené con Shoresh Moradi, un cirujano kurdo que fue educado en Suecia donde además vive y trabaja en el Karolinska Hospital. Durante la cena en Palma de Mallorca, me contó varias historias muy conmovedoras de cómo sus pacientes reaccionan cuando en vez de encontrarse con un doctor sueco en la sala de emergencias, se encuentran con un hombre de piel oscura y apariencia árabe. Sus historias estaban llenas de prejuicios, el prejuicio con el que tiene que lidiar este cirujano de emergencias todos los días de su vida. Curiosamente en la mayoría de los casos este prejuicio se supera y los pacientes de alguna manera, sufren una transformación después de confiar sus vidas a un médico que se percibe como musulmán. Y digo percibir, porque Shoresh es más musulmán en la cultura que en la religión, de la misma manera que yo soy judío. Estamos muy orgullosos de nuestra herencia, pero también somos conscientes de la desigualdad de las mujeres y los Goim o infieles o del extremismo religioso vinculado al  Judaísmo Ortodoxo y a ciertas facciones del Islam son perjudiciales para la sociedad.

Durante la cena hablamos sobre la paradoja de los prejuicios en Europa y estuvimos de acuerdo en que tiene mucho que ver con la forma en que los inmigrantes vienen a Europa. En Europa, los inmigrantes se seleccionan en función del tipo de trabajo que desempeñan y eso mismo es lo que refleja su visa. Así que por ejemplo, un inmigrante puede venir a España a trabajar como empleado doméstico y su visa le permitirá únicamente ser eso, un “empleado doméstico”. Los europeos no tienen problemas en declarar públicamente que los mejores trabajos deben ser ocupados por los nativos. Este tipo de discriminación no se ve como un prejuicio. Los americanos en cambio tienen un sistema que busca inmigrantes con buenas calificaciones y así lo hace también una minoría de los países de la UE, Irlanda por ejemplo. Como resultado, la mayoría de los países de Europa cuenta con una población inmigrante que tiene los peores trabajos, y así son culpados por su falta de logros, una situación que es mucho más injusta si consideramos que fueron pre-seleccionados para desempeñar esas labores y su ascenso se ve bloqueado.

La conclusión de los europeos es que los habitantes de  países de donde proceden los inmigrantes son, en su mayoría, ineptos. Ahora, he aquí la gran paradoja lo que ocurre cuando esos inmigrantes, que conducen taxis o limpian oficinas, van a la universidad, finalizan sus estudios como Shoresh y se convierten en cirujanos, en miembros de la elite. En esta situación los prejuicios son incluso peores, como en el caso de una paciente femenina, por ejemplo, que creerá que un doctor musulmán la tratará peor y entonces Shoresh tendrá que explicarle que esto no sucederá y que será tratada igual que el resto de pacientes. Le ocurre a menudo que tiene que justificarse antes de realizar cualquier procedimiento o tiene que ir personalmente a las reuniones preliminares para enfrentarse a los miedos que su simple nombre inspira. Así que Shoresh y yo estamos de acuerdo en que mientras que la inmigración pobre y sin éxito afronta  prejuicios, los inmigrantes que tienen éxito se enfrentan aún a más prejuicios. No por parte de las élites educadas, sino por los ciudadanos medios. La clase de ciudadanos que terminan votando a partidos políticos anti-inmigración como Le Pen. Tanto judíos como musulmanes de éxito sufren prejuicios similares en Europa. Estos prejuicios fueron llevados al extremo en el Holocausto, y es incluso peor que el prejuicio contra quienes son pobres: la envidia contra aquellos a los que les va bien. Los judíos tradicionalmente han sido odiados, no por fracasar, sino por tener éxito; por ser 1 de cada 500 en nuestro planeta pero que 1 de cada 5 Premios Nobel o estar en el top de las listas de los billonarios, o ser escritores de éxito o directores de cine.  Y esto todavía ocurre en muchos lugares de Europa, mucho más que en USA donde viví 18 años antes de venir aquí. Podemos tener éxito en la vida, pero en España, Francia y muchos otros países de Europa si ser rico no está bien visto, ser un  judío rico o un árabe rico es aún peor. Y esta es la maldición de escapar de la pobreza y darte cuenta de que el prejuicio ha estado ahí todo el tiempo y aún permanece. Si te va mal, te enfrentas al prejuicio de que eres un perdedor, pero si te va bien y terminas convirtiéndote en una persona exitosa que rompe los estereotipos, encontrarás un prejuicio aún más duro, el que confronta Shoresh que salva vidas o incluso yo, cuando me llamaron “judío especulador” en un diario español.  Si tienes dudas sobre lo que estoy diciendo, busca “judio Varsavsky” en Google e investiga leyendo los resultados que salen.  Están mis artículos sobre el tema de ser judío en España.  También otros en los que se me insulta solo por ser judío.  Charlando con Shoresh, como con otros amigos musulmanes, nos damos cuenta que aunque en Medio Oriente judíos y musulmanes están enfrentados en Europa estamos unidos por un prejuicio que debe terminar.

Sigue a Martin Varsavsky en Twitter: twitter.com/martinvars

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