Una propuesta de un nuevo lenguaje “dinámico”

Esta mañana busqué en Google la frase “una imagen equivale a mil palabras”. Como era de esperar, encontré miles de resultados. Frases de maestros, fotógrafos, dibujantes y todo tipo de personas en general, que sostienen que una imagen ahorra tiempo.

Sin embargo, a medida que recorría los resultados, algo me llamó la atención. El hecho de que en términos digitales, ¡una imagen EQUIVALE a mil palabras! O, puesto de otro modo, quienquiera que haya inventado la frase, seguramente desconocía que, décadas más tarde, se descubriría que una imagen digital y un e-mail de mil palabras podrían muy bien “pesar” lo mismo: alrededor de 100 KB en cada caso.

Entonces, si una imagen equivale a mil palabras, ¿por qué escribimos mil palabras, cuando una simple imagen sería suficiente? ¿Por qué dedicamos tanto tiempo combinando letras para formar palabras, digitalizando palabras para publicarlas online o imprimirlas?

Pensemos sobre esta paradoja. Muchas novelas se han llevado al cine: El Gran Gatsby, La Letra Escarlata, El Padrino, por nombrar sólo algunas. Si quisieramos conocer la historia, podríamos comprar el libro, digamos, de Harry Potter, con sus 500 páginas, o ver la película. ¿Cuánto tiempo nos llevaría leer Harry Potter? Dependiendo de cuán rápido leamos, digamos que 30 horas. ¿Y ver la película? Dos horas.

A pesar de esto, si digitalizáramos tanto el libro (30 horas de lectura) como la película (2 horas viéndola), la novela sólo pesaría 1 Mb, y la película, 5 Gb (¡5000 veces más!). ¿Por qué? ¡Porque una imagen equivale, realmente, a mil palabras! Cuando vemos una película recibimos mucha más información por minuto que cuando leemos un libro.

La pregunta entonces es: ¿qué es lo que hace que ver una película sea tanto más eficiente que leer un libro? Dos cosas. La primera es que el uso del lenguaje hablado, combinado con imágenes, parece ser mucho más eficiente transmitiendo una idea que las palabras por sí solas. En segundo lugar, estamos utilizando dos sentidos al mismo tiempo. Utilizamos los sentidos del oído y la vista, frente al de la vista solamente.

A pesar de esto, parece que la sociedad cree que hay algo intrínsicamente bueno en la lectura en contraposición a ver películas. La sociedad la otorga un valor enorme a la lectura y la escritura. Los niños pasan 12 años en el colegio afinando sus habilidades de lectura y escritura, pero raramente tienen la posibilidad de realizar videos, sitios web, u otros modos de producir contenido multimedia.

Y, aún cuando corro el riesgo de provocar una pelea con la mayoría de mis amigos intelectuales, ¿no creen que es hora de abandonar la veneración de la palabra escrita, aceptar el hecho de que la cantidad de contenido por minuto que nos entrega es extremadamente baja y comenzar la búsqueda de un lenguaje de nueva generación?

En lugar de quejarnos de que la gente lee cada vez menos, que las bibliotecas están desiertas, que se está abandonando la lectura, ¿no deberíamos reconocer el hecho de que la lectura, tal como la conocemos, ha perdido efectividad y comenzar a explorar otras vías de comunicación?
Personalmente, fui amante de los libros pero, últimamente, comencé a temerles. Salvo raras excepciones, los libros me resultan muy largos, requieren de mí demasiado tiempo y esfuerzo. Unos días atrás, Marcos Aguinis, el escritor argentino, me regaló su última novela, con una hermosa dedicatoria en la segunda página. Y mientras la recibía pensaba “muy bien Marcos, ya se que tus intenciones son buenas, pero ¿quién le está dando qué cosa a quién? ¿Me estás dando un libro o te estoy dando 30 horas de atención?”.

¿Cómo sería el nuevo lenguaje escrito? Desde mi punto de vista, sería menos alfabético, más similar al chino, más pictográfico. Desconozco si se han realizado estudios sobre el tiempo que le lleva leer El Gran Gatsby en inglés a una persona occidental bien educada, comparado con una china bien educada, en chino, pero sabemos que ahorraríamos tiempo si leyéramos la historieta de El Gran Gatsby en lugar de la novela. Puesto de una manera más sencilla, si agregamos imágenes al texto, la comunicación se vuelve más rápida, especialmente si las ilustraciones son buenas.

En líneas generales, creo que el nuevo lenguaje debería utilizar las palabras solamente para describir aquellas partes más abstractas del mensaje. Si quisiéramos decir que alguien es “sabio”, deberíamos utilizar la palabra. Pero si quisiéramos decir que esa persona es de mandíbula recta, ojos azules, 1,80 de altura, de espaldas anchas, que viste pantalones al estilo de los años 70, y una camisa abierta, mostrando un pecho piloso, entonces deberíamos, sin más, mostrar una imagen.

El nuevo lenguaje debería ser como una “escritura dinámica”, una forma de escritura que, sin dudas, demandará mucho más esfuerzo al escritor, pero que sería más justa, después de todo. Actualmente, un escritor que consigue que 100 mil personas lean su novela y que dedica dos años para escribirla, es decir, alrededor de 4 mil horas de trabajo, recibe 3 millones de horas de atención por parte de los lectores.

Si las novelas se escribieran en “escritura dinámica” y requirieran una combinación de escritura, animación, imágenes y sonido para contar una historia, se necesitaría un equipo de gente para escribirlas. Tal vez así, la relación entre el tiempo de escritura en comparación con el de lectura sería más pareja.

¡Puedo oír voces oponiéndose! Algunos probablemente dirán que lo grandioso de la lectura es que incentiva la imaginación, que muchas veces nos decepcionan las películas basadas sobre novelas que leímos, porque terminan siendo muy distintas de lo que nos imaginábamos al leerlas. Pero, desde mi punto de vista, aún habría lugar para la imaginación en un mundo en donde la “escritura dinámica” fuera la norma, pero de una manera diferente.

La escritura sería mejor porque los lectores estarían tácitamente de acuerdo en lo que les interesa leer. Es probable que, por ejemplo, haya en la actualidad más coincidencias entre lo que vieron los espectadores de un dvd que entre los lectores de ciencia ficción. Incluso, es posible que en una sociedad donde que se utilice la “escritura dinámica” haya más lugar para la imaginación, ya que ésta quedaría en menor medida a cargo de los lectores y más de los escritores.

Así como la caligrafía china puede ser un arte, la escritura dinámica podría ser otro. Y el déficit imaginario ocasionado en el lado de la lectura podría contrarrestarse con el superávit que ganaríamos al escribir, ya que todos nos volveríamos más creativos.

Más aún, la comunicación global debería ser más simple, si la mayor parte de los mensajes se basaran sobre imágenes, animaciones y sonidos, y menos sobre lenguaje escrito. ¿Pueden imaginarse leyendo una novela en chino, si no hablaran chino? ¡Sería una pérdida de tiempo total!

Sin embargo, si mirásemos una película china sin subtítulos, aún cuando nos perderíamos mucho, tendríamos una idea acerca de la historia. Por este motivo, el nuevo “lenguaje dinámico” incrementaría la cantidad de contenido transmitido por minuto, así como también promovería un mejor entendimiento entre los pueblos del mundo.

Ahora, ¡el problema es diseñar un nuevo lenguaje dinámico!

Sigue a Martin Varsavsky en Twitter: twitter.com/martinvars

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