Viví 17 años de mi vida en Buenos Aires, 18 en Nueva York y 10 en Alcobendas, un pueblo en las afueras de Madrid. Durante mi vida disfruté enormemente del cine…hasta que vine a vivir a España. En España, y esto va para los lectores que no viven aquí, el cine es como la televisión en latinoamérica: está doblado. Es decir que, salvo en las salas de versión original, que no hay en Alcobendas, el mejor cine inglés, estadounidense, francés, japonés, está poblado por unos curiosos señores y señoras que parecen, digamos, chinos, pero que hablan como si fueran de Madrid. ¿El resultado? Entrevistando cientos de candidatos en las empresas que hice en España, me encontré con un fenómeno que nunca había conocido antes: el de la persona que lee y escribe inglés, pero que lo habla… en castellano. En España el inglés se aprende en general con profesores que pronuncian mal el idioma, ya que el énfasis se pone en saber escribirlo y leerlo, pero no en hablarlo. Los niños españoles no saben pronunciar en inglés porque tanto el cine como la televisión están doblados al español y el resultado es que muchos españoles que escriben y leen inglés, no lo entienden bien al escucharlo ni lo pueden pronunciar de una manera que los nativos del inglés lo entienden. Este fenómeno se agrava porque, a diferencia de Argentina, en España existe un desprecio a la gente que pronuncia las palabras extranjeras tal como se pronuncian en su idioma original, cosa que hace que el que sabe pronunciarlas queda mal si comparte sus habilidades con los demás y estos no aprenden. El resultado de estas costumbres es, en mi opinión, un fenómeno que va mucho más allá de una curiosidad cultural, sino que afecta enormemente la salida laboral de los españoles y crea todo tipo de injusticias.

El tema de saber o no saber inglés produce en España una verdadera división de clases. Aunque muchos españoles tienen una visión bastante negativa de la cultura anglosajona, apenas su situación económica se lo permite envían a sus hijos a colegios ingleses en España o institutos ingleses en el Reino Unido. El resultado es que el inglés se ha transformado en una manera de promover la inequidad. Por un lado, las leyes y la “protección” de la cultura general crea un ambiente en el que el inglés no se ESCUCHA. Pero, por otro lado, sólo los que tienen dinero ESCUCHAN el inglés y consiguen muchos trabajos claves. La mayoría de los altos cuadros de las empresas españolas, de los jefes de investigación y desarrollo, de los españoles conocidos en el exterior, vienen de familias que pudieron pagarle a sus hijos una educación en inglés o directamente en Inglaterra. Pero así como el inglés es un idioma casi indispensable hoy en día en el mundo de los negocios, la ciencia y la cultura, donde no parece hacer falta es en la política y España sigue eligiendo presidentes que no hablan ni promueven el inglés y así es como se preserva la injusticia. Los que deciden si se debe hablar inglés no lo consideran necesario, ya que ellos no lo hablan y son exitosos. Pero los demás sabemos que, salvo en política y en el fútbol, hay pocas profesiones en las que se puede realmente tener éxito sin saber inglés. Si, se puede ser Maradona y no hablar inglés, ¿pero cuántos premios Nóbel se han dado en Suecia a gente que no entiende el inglés? Visto con ojos de inmigrante, me parece increíble la cantidad de tiempo que se dedica en España a debatir el tema de los idiomas. Pero también que en este debate no aparezca la brecha económica que genera el saber o no saber inglés y cortarse a la creatividad, la inspiración, la educación que se puede adquirir del mundo anglosajón y de otras culturas, ya que el inglés es el idioma que más traducciones hechas tiene de terceras lenguas. Para decirlo de otra manera, ¿te imaginas tu vida si le declararas un boicot a los idiomas extranjeros y quisieras consumir sólo productos inventados en España? Doblar las películas en cine y en televisión es quitarle al español medio la oportunidad de desarrollar desde una edad temprana un oído por otros idiomas, especialmente el inglés. Esa desventaja, por ahora, la logran superar unos pocos privilegiados que han sido “desprotegidos” culturalmente.

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