Cuando era chico y vivía en la Argentina, el movimiento psicoanalítico era muy fuerte. Yo tenía unos pocos años de vida y recuerdo que trataba de entender por qué mi mamá había ido tantos años al psicoanalista. La explicación que me dieron entonces es que, mientras que otras corrientes de la psicología se enfocan en los síntomas -que en el caso de mi madre podía ser la fobia a volar-, el psicoanálisis intenta llegar a la raíz de los problemas. El resumen del argumento que yo escuchaba era básicamente el siguiente: si mi madre asistía a otro tipo de terapia, quizás podría volar. Si enfocaba en los síntomas, al poco tiempo sus fobias se manifestarían de otra manera. En cambio, si se centraba en las raíces del problema, la terapia sería más extensa en cuanto a sesiones, pero en última instancia volaría y no aparecerían nuevas fobias.

Vayamos ahora al tema del terrorismo. Durante la conferencia organizada por mi fundación, se vieron dos corrientes principales en el diagnóstico y cura del problema terrorista. Por un lado estaban los psicoanalistas, representados por las facciones más democráticas, que sostenían que el terrorismo surge de un contexto de desigualdad, falta de oportunidad e injusticia. Por el otro, se ubicaban los conductistas, representados por el gobierno de Bush y sus seguidores, que decían que estudiar las causas del terrorismo es de alguna manera justificar el crimen y que lo que hay que hacer es simplemente luchar contra los criminales con todos los medios disponibles. En definitva, que los terroristas son irracionales y que no merecen nuestro entendimiento.

¿Cuál es mi postura? Complicado de definir. Diría que más psicoanalista que conductista, pero en algún lugar entre las dos. Un buen ejemplo para explicar mi postura es el muro construido por Israel para dividir su territorio de gran parte de Cisjordania. El muro en si mismo me parece una injusticia para los palestinos y una manera por la cual los israelíes se encierran en un nuevo ghetto, que es su país. Considero que el entendimiento, el trabajo conjunto y la colaboración entre los dos pueblos constituyen una vía mucho mejor para alcanzar lo que la gran mayoría desea: la paz. Sin embargo, el muro conductista ha logrado su resultado. Las estadísticas muestran que desde que se construyó el muro hay muchos menos atentados, a pesar del nuevo que se ha producido en el día de ayer en un centro comercial de Netanya, una ciudad ubicada 40 kilómetros al norte de Tel Aviv.

Pero, ¿y los palestinos? Hace unos meses estuve en los territorios palestinos, específicamente en la ciudad de Ramallah, y debí pasar por todos y cada uno de los innumerables “check points” del ejército israelí. Realmente creo que la mayoría de los palestinos que no son terroristas están pagando con enormes humillaciones e incomodidades el horror cometido por otros pocos palestinos, que si lo son.

También pienso en el millón de palestinos que están del otro lado del muro. Me refiero a los palestinos israelíes, a quienes les resultaría extremadamente fácil cometer atentados terroristas, ya que tienen pasaporte y documentos de identidad israelíes. Y el hecho que no lo hagan hace que me incline por la solución psicoanalítica. Si este grupo palestino, que constituye la primera minoría de un estado de derecho y de bienestar, no se inmola, ¿son sus hermanos del otro lado del muro distintos o son las circunstancias en las que viven diariamente las que los llevan a cometer los asesinatos en masa?

Sigue a Martin Varsavsky en Twitter: twitter.com/martinvars

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david en Septiembre 26, 2005  · 

willy vance en Diciembre 16, 2005  · 

Nacho en Octubre 10, 2006  · 

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