Hace un mes tuve una emergencia médica en la que me tuvieron que dar unos puntos en Francia y fuí atendido especialmente bien, rápido y gratuitamente, en el hospital St Antoine. La experiencia la conté en el Huffington Post donde soy bloguero invitado. En ese artículo comparaba el sistema de salud norteamericano y francés y comentaba que a mi parecer el sistema francés era mucho mejor. Es interesante que la mayoría de los comentaristas del Huffington Post estaban de acuerdo. Como viví 18 años en Estados Unidos donde también tuve que ir algunas veces a hospitales por emergencias (relacionadas con los deportes) y por el nacimiento de mis tres hijos, me sorprendió ver como en Francia el tratamiento está muy poco enfocado en el dinero ni la burocracia, me atendieron sin ni siquiera pedirme un documento, tarjeta de crédito o tarjeta de seguro médico. Luego de esa experiencia me puse a estudiar el tema de la salud en Francia vs Estados Unidos y estas son mis conclusiones ya en más profundidad que en el artículo inicial en inglés.

A nivel mundial, los sistemas de salud enfrentan hoy importantes desafíos. Entre ellos la crisis de personal sanitario, la falta de recursos financieros, y la dificultad en la implementación efectiva de políticas sanitarias equitativas. La salud es, además, uno de los temas más urgentes en la agenda del desarrollo. Tan alarmante es la situación en tantas partes del mundo, que tres de los ocho Objetivos del Milenio para el Desarrollo refieren a la salud. No obstante, en este caótico escenario general, algunas prácticas pueden son destacables. Entre ellos, el sistema de salud de Francia.

El sistema de salud francés fue distinguido por la Organización Mundial de la Salud como el mejor sistema de salud. En 2002, esta organización relevó los sistemas de casi 200 países, evaluando la relación costo-beneficio cada sistema, comparando los servicios prestados con el porcentaje del producto bruto interno invertido en salud. Y, de acuerdo a este perfil, estableció que Francia es el país que cuenta con el mejor sistema de salud.

Dos años después, el mismo organismo consideró el sistema de cuidados curativos galo el mejor del mundo. De hecho, Francia es el país donde la esperanza de vida aumenta más rápido: entre dos y tres meses al año desde hace más de veinte años. La esperanza de vida superaba los 80 años en 2004, con un número de años de vida en buena salud nada desdeñable.

El sistema francés de salud fue fundado en 1945, tras la liberación de Francia después de la segunda guerra mundial, mediante la creación por decreto de un sistema de Seguridad Social obligatorio para todos los asalariados. Esta medida se basó en un principio de redistribución a partir de una base solidaria obligatoria y universal de cotizaciones sociales (no sólo prestaciones económicas a enfermos sino también cuidados de salud y algunos servicios sociales) de empleados y empleadores, que luego se generalizó a todos los franceses, asalariados o no. Desde entonces, y tras distintas modernizaciones, las prestaciones al asegurado se realizan mediante el reembolso de los cuidados médicos y hospitalarios, medicamentos, prestaciones familiares (calculadas según el salario y el número de hijos), de indemnizaciones diarias de enfermedad, de maternidad, de pensiones o de rentas de invalidez, accidentes de trabajo, jubilación o viudedad.

El resultado ha sido un sistema público que da cobertura básica al 99.9% de la población. Hoy, si vives en Francia, puedes suscribirte al Sistema de Seguridad Social y recibir (tú y tus dependientes) su seguro médico. La suscripción te da derecho a la cobertura básica de seguro médico lo que te reembolsa los gastos médicos (generalmente, entre el 65 y el 100% del gasto realizado).

Es justamente este tipo de características las que distinguen al sistema francés de otros sistemas de salud. Especialmente, del de Estados Unidos. Y es que el sistema americano tiene un grave problema: la contradicción entre su costo y los servicios que ofrece: USA gasta una porción más grande que cualquier otro país en la salud, pero la posición 37 en el ranking de la OMS.

El sistema americano cubre únicamente al 75.3% de la población. Lo que significa que más de 42 millones de estadounidenses no tienen acceso a los mínimos recursos de salud. Por lo que si bien el país posee una gran cantidad de la más alta tecnología – incluyendo muchas de las mejores facultades de medicina, clínicas, hospitales y centros de investigación del mundo -, estos recursos no están a disposición de gran parte de la población.

La cobertura del sistema es, además, muy desigual en los diferentes grupos socio-económicos, étnicos y raciales. Por ejemplo: las tasas de mortalidad infantil a nivel nacional son 7.2 por cada 1000 nacimientos, pero la tasa de mortalidad infantil para niños negros (14.3 en 1998) es más del doble que aquella de niños blancos (6.0 por cada 1000 nacimientos). Existen una multitud de estadísticas a todos los niveles que indican que las minorías se encuentran entre los grupos de mayor riesgo para un gran número de enfermedades, tales como la incidencia de cáncer, alcoholismo, drogadicción, etc.

Según Raquel Torres, la diferencia entre los casos francés y americano podría estar en que en Estados Unidos el acceso a un sistema universal de salud no se considera una cuestión de derechos humanos sino un negocio, sujeto a las leyes del mercado libre y la manipulación política. Porque en Estados Unidos, si bien el sistema de salud está dividido entre el sistema privado y el público (con una clara predominancia del primero sobre el segundo), ambos sub- sistemas funcionan según los principios de la libre empresa. En teoría, esto debería proveer eficiencia, precios accesibles a los servicios de salud y un ambiente de competitividad que permitiría un exitoso sistema de salud privado. Pero, en realidad, el pueblo norteamericano no recibe un sistema de salud de calidad. En mi opinión esto se debe a la absurda intromisión del sistema legal en la medicina, los médicos norteamericanos pagan primas altísimas de seguro por el riesgo constante de los abogados llamados “perseguidores de ambulancias” que acompañan a los pacientes en juicios que en Francia u otros paises no prosperarían.

El hecho es que si vives en Estados Unidos en vez de en Francia, y no cumples los requisitos para obtener cobertura médica a través de los programas públicos de Medicaid (para personas en pobreza extrema) o de Medicare (para personas mayores de 65 años quienes hayan cotizado en el seguro social), tienes la responsabilidad de obtener cobertura a través de un seguro médico privado. Para ello, tienes la opción de afiliarse directamente a un seguro privado o de obtener la cobertura que te ofrezca su empleador como parte de los beneficios. En 2004, por ejemplo, un seguro de salud familiar costaba un promedio de 9.950 dólares al año (829 U$D por mes), y 3.695 dólares en el caso de una única persona (308 U$D mensuales). En el caso de las aseguradoras más populares, estos valores alcanzaban, respectivamente, los 10.217 y 9.317 dólares anuales (951 y 776 U$D mensuales).

El sistema de salud francés enfrenta hoy importantes dificultades, debido esencialmente a su costo. Sin embargo, debe rescatarse sus logros. Francia ha sabido implementar un sistema de salud inspirado en los derechos humanos y lo ha hecho con eficiencia. O, al menos, con más eficiencia que un país tan rico y eficiente como Estados Unidos. Por mi parte yo soy un defensor del libre mercado en muchas partes de la economía pero con la salud no se juega, y creo que los franceses fueron muy inteligentes al no poner en el juego de la oferta y la demanda un aspecto tan esencial de la vida humana y el desarrollo social.

Comparando a los sistemas de salud argentinos y españoles diría que el español se asemeja al francés y el argentino al norteamericano. El resultado es que en Argentina hay muy buenos médicos pero para estar bien cuidado hay que poderse pagar un seguro médico privado que es muy caro para el ciudadano argentino y en el caso de España muy poca gente usa la medicina privada ya que la pública aunque no tan buena como la francesa es lo suficientemente buena para que pocos de los que pueden elijan no acudir a ella.

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Gracias Maria Frick por tu colaboración en este artículo.

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