Hace dos años escribí un artículo titulado “Programando a los Humanos durante las Vacaciones”, en el que argumentaba que descifrar el genoma humano constituía el primer paso de un arduo proceso para entender la genética. Decía que mientras algunas personas temían que el hecho de experimentar con genes se daría en unos pocos años, mi pensamiento era que probablemente estamos a un siglo de distancia de poder cambiar los programas genéticos de los seres vivos, siendo el primer objetivo el de revertir el proceso por el que envejecemos.

Así que mientras era consciente por un tiempo que yo y todas las plantas y animales estamos genéticamente programados para envejecer y morir, mantenía una creencia errónea que el libro de Bill Bryson me ha clarificado. Sabía que nacemos con un número fijo de neuronas y que las vamos perdiendo a medida que vamos envejeciendo. Sin embargo, lo que no sabía es que no hay una sola molécula en una persona de 90 años que haya estado presente cuando la misma tenía 80 años. Es decir que una persona de 90 años es completamente una nueva persona respecto de lo que era a los 80. No sólo estamos programados para envejecer, sino que además lo estamos para “renovarnos” a medida que lo hacemos. Este “descubrimiento” hará que mire de manera distinta a las personas mayores de ahora en adelante. No como personas que alguna vez fueron jóvenes y luego se convirtieron en viejos, sino como actores cuyo guión -sus genes-, le dice como actuar al convertirse en personas mayores por más que les guste o no.

Las personas mayores se hacen viejas en un período corto de tiempo. Bryson no llega a las raíces de por qué ocurre el fenómeno del envejecimiento, pero por más triste que pueda parecer puedo ver cierto valor en el envejecimiento: que luego de pasar nuestros genes y vivir lo suficiente para criar a nuestros hijos, queda poco por hacer para nosotros en el mundo que pueda tener algún impacto evolutivo.

Las personas viejas con un gran estado físico necesitarían grandes cantidades de recursos para sobrevivir y competirían por ellos, entre otros, contra sus hijos y sus nietos. Contra sus propios genes.

¿Son entonces las personas viejas humanos que se reinventan a si mismos mientras envejecen, para dirigirse lentamente a un suicidio genético planificado? En efecto, así es.

Sigue a Martin Varsavsky en Twitter: twitter.com/martinvars

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Sara Vizental en Septiembre 25, 2005  · 

Mircobucio en Junio 6, 2007  · 

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