Fernando Pessoa escribió uno de mis poemas favoritos. Navegar e Preciso. Este poema está escrito en portugués pero es tan potente que aunque no hables portugues, solo hace falta tener muchas ganas de vivir para entenderlo. Quizás te va a pasar como a mi y te sentirás totalmente identificados cuando leas la frase en la que Pessoa dice que el quiere hacer grande su vida aunque su cuerpo o su alma sean la leña de ese fuego.

Só quero torná-la grande,
ainda que para isso tenha de ser o meu corpo e a (minha alma) a lenha desse fogo.

No se si Fernando Pessoa mismo era navegante pero yo si y estoy totalmente de acuerdo que navegar es la metáfora perfecta de la vida. Navegar é preciso. Y yo navego desde chico, primero por el delta del Rio de la Plata, luego por el Rio de la Plata mismo, después por el Mediterraneo y el Atlántico. Aclaro, no soy un navegante como mi amigo Wenceslao Casares, que acaba de terminar una vuelta al mundo durante dos años con sus dos hijos chiquitos (uno nació durante el viaje) en un catamarán de 42 pies y mucho sin tripulación. Yo confieso ser un navegante cómodo, que cuando puedo llevo tripulación y que cuando hay mucho mar me mareo (eso si, nunca vomité curiosamente). Digamos que soy navegante como soy piloto. Se navegar pero llevo tripulación, se volar pero llevo piloto con más experiencia conmigo ya que en estas dos actividades nunca dejaré de ser un amateur y tengo que cuidar de mi familia. Pero aclarado el tema de que no soy “el gran navegante” si he navegado mucho y hoy mismo me embarco de vuelta. Hace 7 años que navego con mi familia en el Aphrodite un ketch de 92 pies diseñado por Andre Hoek. La novedad de la navegada de hoy es que será la primera de Leo, que ya tiene 9 meses. Veremos qué tal lo lleva. Iremos desde Menorca a Saint Tropez y aunque tengo teléfono satelital no tengo internet satelital. Si tengo una Mac con un módulo HSDPA que tranformo en Fonspot para fonear el puerto en el que estoy pero en alta mar no tengo internet. El cruce no es largo, son unas 230 millas náuticas y a vela depende mucho de los vientos pero calculo que un promedio de 7 nudos haremos o sea que tardaremos unas 32 horas. Llevo dos tripulantes australianos. Pero seamos también un poco realistas. No todo en la navegación es poesía.

Dicen que los dos mejores momentos de la vida del propietario de un barco son el día que lo compran y el día que lo venden, que el resto es una pesadilla de problemas. Yo reconozco que es bastante así y que esto lo entienden solo los propietarios de un barco, cualquiera sea su eslora. Muchas veces los que caminan por el puerto viendo los barcos sueñan con tener uno, lo que no se imaginan es que muchos propietarios sueñan frecuentemente, con no tener uno, que querría estar paseando tranquilamente por el puerto no teniendo que resolver el problema número 101 de una larguísima e inacabable lista de mantenimiento. Y así como el volumen de un barco aumenta con el cubo de la eslora los problemas también. Pero pese a la gran cantidad de averías y dificultades gestionando la tripulación (si ya se, pobrecito, las dificultades que tiene) al principio de cada temporada estoy seguro que voy a vender el barco por todo lo que hubo que hacerle en el invierno y después llega el verano, me engancho de vuelta y estoy como ahora, entusiasmado.

Empecé a navegar en el Rio de la Plata, es más el trabajo en el astillero de San Martin que cuento en el relato de volver a los 17 fué con el capitán del barco en el regateabamos. Mi primera navegada en velero fué de total casualidad. Estaba en una reunión un sábado y Carlos, el capitán del barco que era amigo de mi madre dijo que le falló un tripulante y si se ofrecía alguien. Yo que como dicen en España “me apunto a un bombardeo” , dije que iba encantado aunque no sabía nada de navegar. Lo increible fué que ganamos la regata y que al llegar me esperaba la primera medalla de “oro” de mi vida, tenía 15 años. Hay quien cree que esto explica mi entusiasmo por la navegación , yo espero que la explicación más profunda sea un gran amor a la vela y el mar. Al Mediterraneo lo conozco muy bien, estuve en casi todos los paises que lo rodean menos Algeria y Libia. Inclusive fuimos navegando hasta Beirut. También navegamos con mi esposa por Marruecos, una costa muy difícil de recorrer porque está llena de palangres (boyas de pesca) y llegamos a las Canarias donde nos tocó la peor tormenta de mi vida con unas olas que hacían que el Aphrodite pareciera una tabla de surf.  Daba miedo.  Pese a eso sigo soñando con el cruce del Atlántico. ¿Será este año? Para eso si que necesito internet satelital en el Aphrodite.  O quizás no, desconexión total, eso “tamben e preciso”.

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