Estuve por dos semanas en el Pacífico Sur, más precisamente en Nueva Caledonia y en la Polinesia francesa. Creo que fue el período más largo desde 1994 que estuve sin Internet, sin utilizar una computadora, sin escribir correos electrónicos o navegar.

Nueva Caledonia y Tahití pertenecen a Francia y, para utilizar su terminología, son parte de los territorios franceses de ultramar. En muchos aspectos son parecidos a Francia: el PBI es similar, los autos que conducen son los mismos y el pan es también (afortunadamente) el mismo que comen en Francia. Sin embargo, hay una diferencia sustancial, y es que prácticamente no hay acceso a Internet. Francia está en la Unión Europea, y allí France Telecom fue forzada a competir contra otras telefónicas, mientras que dicha competencia es inexistente en Nueva Caledonia o en Tahití. Así es como los servicios que ofrece el monopolio en los territorios de ultramar son tremendamente pobres. Debería haberlo sabido.

Construí la empresa VIATEL para pelear contra los monopolios, y haber estado en estos lugares me hace sentir feliz de haberlo hecho. Cuando existen los monopolios, los servicios de telefonía móvil son patéticos. Por ejemplo, en Nueva Caledonia no había roaming para el operador Vodafone -que es el que utilizo siempre-, e inclusive, luego de haber comprado una tarjeta SIM local descubrí que no incluía el servicio de GPRS y que sólo podía recibir mensajes de texto (sms), pero no enviarlos. Aunque cuando los enviaba sí que aparecían como enviados, estos nunca alcanzaban sus destinatarios.

En Tahití las cosas mejoraron, aunque levemente. Mi Blackberry funcionaba, pero sólo como un móvil con tecnología GSM. No podía enviar, como usualmente hago, correos electrónicos, y los sms que recibía –y en este caso también podía enviar- costaban una fortuna. Sorprendentemente, cuando compré una tarjeta SIM del operador local VINI, nuevamente podía recibir sms pero no enviarlos. Por más que Internet ha demostrado vencer cualquier barrera de la comunicación, las cosas funcionan de manera terrible por el Pacífico Sur.

Allí puedes volar en aviones modernos, se pueden alquilar hermosos yates y helicópteros o conducir los autos más nuevos, pero no pude encontrar un solo lugar con tecnología Wifi!!! Mi computadora se volvió loca mientras estuve allí. Estaba tan acostumbrada a estar online, que de repente parecía que estaba sufriendo de “deshidratación” por falta de conexión a la red. Mi antivirus comenzó a advertirme que debía conectarme para evitar que nuevos virus se introduzcan, aunque no parecía identificar el hecho de que es el estar conectado lo que expone a las computadoras a infectarse, y que no estar conectado es lo más seguro para que eso no pase.

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Alvaro Illanes en septiembre 7, 2005  · 

Randall Solano en septiembre 8, 2005  · 

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