Me encanta ir a Japón. Los Japoneses que he conocido son educados, considerados, inteligentes, devotos de lo que sea que estén haciendo, creativos y divertidos. Los empleados de Fon Japón trabajan muchísimo pero luego de salir del laburo son super marchosos (jodones). Combinan las dos cosas. La actitud hiper respetuosa del trato japonés al principio a un argentino educado en la arrogancia nos resulta ridícula pero con el pasar del tiempo se agradece. Las callecitas de Tokio tan modernas en su arquitectura pero trazadas a paso de hombre combinan una dimensión humana con una modernidad desconocida en Europa. Con los japoneses me pasa algo parecido a lo que me ocurre con los alemanes. Antes de entrar en contacto con esos dos paises, tenía muy mala predisposición dado su terrible rol en la segunda guerra mundial. Pero hoy en día diría que entre las 10 ciudades que más me gustan del mundo incluyo Berlín y Tokio y entre los pueblos el alemán y el japonés. Justamente esta semana mi gran amigo alemán Stefan Linde me hizo padrino de su hijo Konstantin y en Japón soy super amigo de Joichi Ito, tan inteligente como querible con quien tendré esas interminables cenas en las que charlamos por hora de tecnología y del pueblo japonés y sus curiosidades (la última vez me enteré sobre un tema bastante triste en Japón que es el de la casta de los intocables). Estas amistades profundas demuestran que el prejuicio de la infancia (mis abuelos no hacían otra cosa que hablarme horrores de los alemanes y los japoneses cosa que se entiende por el holocausto) se puede superar cuando la realidad actual te demuestra lo contrario a lo que te inculcaron.

Termino recomendando leer esta historia de Kirai sobre lo que fué la segunda guerra mundial para los japoneses. Tanto la historia de los alemanes como la de los japoneses es un relato de triunfos iniciales increibles seguidos de aplastantes derrotas con millones de muertos civiles y destrucción casi total de sus ciudades y patrimonio histórico. Aunque claramente estas dos civilizaciones causaron enormes daños alrededor del mundo también pagaron carísimo su aventurismo militar y las nuevas generaciones que crecieron en la democracia son un modelo para el resto de la humanidad justamente por conocer mejor que nadie el triste final de la arrogancia ilimitada en el plano militar.

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JaviMaKer en marzo 14, 2008  · 

Juanito en marzo 14, 2008  · 

nos_hemos_vuelto_locos? en marzo 14, 2008  · 

Leandro en marzo 14, 2008  · 

Daniel en marzo 14, 2008  · 

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