La prensa en general tiene una actitud complicada hacia los empresarios, ya que por un lado un empresario puede merecer ser criticado, pero por el otro, como la mayoría de los empresarios tenemos grandes egos y nos molesta mucho ser criticados, somos fácilmente víctimas de chantajes por parte de la prensa.

La idea en general es que los empresarios como los del Corte Inglés –que ponen mucha publicidad– son intocables, pero a los que ponen poca o ninguna publicidad se los escracha (critica) si viene al caso o peor, en algunos medios menos serios se los escracha para que paguen por publicidad.

Así es que cuando uno es un empresario como yo, que viene a Argentina de visita y no tiene publicidad para ofrecer, se transforma en un objetivo más fácil de la mano de un periodista, como vimos que ocurrió con Lucas Morando de Perfil.

A Lucas yo le pedí encarecidamente que reflejara mi visión positiva sobre Educ.ar en su nota y él, en cambio, construyó el eje de su artículo escribiendo justamente lo contrario. Pero la diferencia en mi caso es que además de emprendedor soy bloguero, entonces cuando Lucas Morando escribe sobre mi algo que no es verdad yo tengo la posibilidad de responder en mi blog y las diferencias de opinión quedan reflejadas en Google. ¿El resultado? Si uno busca lo que Lucas Morando escribió sobre mi buscando simplemente mi nombre, Martin Varsavsky, el artículo de Lucas sobre mi no aparece entre los primeros 50 resultados. Pero cuando uno busca Lucas Morando en Google, mi respuesta a su artículo sale como el primer resultado en su nombre y probablemente saldrá entre las primeras 10 por muchos años. Es decir que, desde que soy bloguero, tengo una interesante oportunidad y es la de responder a la prensa con la ayuda de mi blog y de Google. Antes solo podía hacer esto escribiendo una carta de lector.

Recuerdo cuando El Mundo, de España, me llamó judío especulador en el año 2001 y yo, que no me podía creer haber recibido este insulto racista, escribí una carta al lector que me publicaron, pero de poco sirvió ya que las cartas son mucho menos leídas que los articulos. En otros casos ni siquiera pude responder nada. Cuando el diario La Razón, también de España, me dijo que si no les ponía publicidad me iban a escrachar (poner a parir) en su periódico y yo rechacé ese intento de chantaje, no solo me pusieron a parir, sino que no me dieron ninguna posibilidad de responder nada. Pero ahora si me pasa esto, lo que haría es escribir la historia del incidente en mi blog, poniendo el nombre del autor de la nota y contando exactamente lo que pasó, y esa persona quedaría marcada en Google como un chantajista por el resto de sus días, mientras que el artículo de la Razón sería el artículo ciento y pico sobre mí en Google.

En resumen, tener un blog muy leído y enlazado en castellano y en inglés me da una posibilidad de responder al periodista que antes como emprendedor no tenía. Personalmente, nunca usé ni usaría el arma típica del empresario que es pagar un soborno a través de la agencia de relaciones públicas en cash o en publicidad. Pero con mi blog ya no tengo que ponerle publicidad a nadie y tengo la oportunidad de contar mi versión de la historia.

Habiendo dicho esto, quiero aclarar que en España la situación del empresario que no tiene nada que ocultar ha mejorado muchísimo desde el 2000 (y la del que tiene que ocultar empeorado) ya que la ética del periodismo por suerte está en aumento. Por el 2000, el único periódico que parecía tener una cierta ética era El País y no siempre, ya que usaba mucho su periódico para defender los intereses económicos de Prisa, su empresa holding. Pero últimamente veo menos esto en El País y El Mundo también ha mejorado mucho. Inclusive Expansión, que era un periódico tendencioso cuando cubría a Telefónica –que es en parte dueña del mismo–, también lo noto un poco más objetivo y capaz de criticar a su accionista.

Pero una cosa que aún no hacen los periódicos y que sí hacemos los blogueros, es contar nuestros intereses económicos cada vez que escribimos sobre algo en el que invertimos o tenemos compensación. Ya es hora de que Expansión comience a aclarar cuando escribe sobre sus accionistas que, en efecto, son sus accionistas. Esto ya lo hace hace años la prensa norteamericana.

Sobre la Argentina no puedo opinar, porque mi mala experiencia con Lucas Morando puede ser un caso aislado. Y sobre otros países latinoamericanos mi experiencia es que el país más transparente y la prensa más objetiva es la chilena.

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