El calentamiento de la tierra y los cambios meteorológicos ya son evidentes. Los meteorólogos están convencidos de que este año será el más caluroso desde 1659 y que las temperaturas alcanzarán un nuevo récord en todo el planeta. Simon Wardell, analista de Global Insight, sugiere que esto puede provocar una disminución en el consumo y el precio del petróleo.

Personalmente, creo que más que disminuir nuestra dependencia del crudo, lo que haremos simplemente es cambiar la estación de la demanda. Lo que no entiendo aun es la economía global del aire acondicionado vs la de la calefacción y como cada una de estas afecta el efecto invernadero.

El problema:

El calentamiento global es consecuencia, entre otros factores, del aumento de las emisiones de dióxido de carbono (CO2). Éstas aumentan el calor de la superficie y de la parte baja de la atmósfera aumentando el llamado efecto invernadero. Alrededor de tres cuartos de las emisiones antropogénicas de CO2 a la atmósfera durante los últimos 20 años se deben al uso de combustibles fósiles; básicamente: carbón, petróleo y gas natural. Éstos se utilizan para producir calor y movimiento en hornos, estufas, calderas y motores, o para obtener electricidad en las centrales térmicas.

En principio, podría pensarse que el mismo calentamiento de la tierra a partir de las emisiones de dióxido de carbono podría provocar la disminución del consumo de combustibles fósiles para calefacción. Es decir: cuanto más CO2 se emite más se calienta el planeta, pero cuanto más se calienta el planeta menos petróleo se necesita para calentar los hogares. El calentamiento global llevaría así – paradójicamente – a la disminución del consumo de combustibles fósiles, la emisión de dióxido de carbono y del propio calentamiento global. Se provocaría también una importante baja del precio del petróleo.

Esto es justamente lo que está pasando este invierno. En Estados Unidos, las temperaturas superiores a lo habitual durante los primeros meses de invierno han reducido la demanda de combustibles de calefacción y han favorecido el acopio de reservas. Esto ha provocado un retroceso en el precio del crudo, que se situó en su nivel más bajo desde junio de 2005 (U$D 51).

Sin embargo, en verano los efectos del calentamiento sobre el consumo de energía son otros. Tal como informa El País, el consumo estival de electricidad en España se ha duplicado entre 1973 y 2005. Cada grado de menos en verano produce un 8% de aumento en el consumo energético y el equipamiento en los hogares españoles ha aumentado de forma espectacular. En 2003, se facturaron 940.000 unidades de equipos de aire acondicionado (un 30% más que el año anterior) y cada año se venden 23 millones de electrodomésticos para sobrellevar unos veranos cada vez más calurosos. Y lo mismo está pasando en todos los países que sufren veranos muy calurosos como la mayoría de Estados Unidos.

Me imagino que ya habrá expertos calculando si el resultado total de este cambio, es decir menos gasto de combustible en invierno y más gasto de electricidad en verano. Pero si la electricidad no se hace a base de carbón pero la calefacción si, el efecto puede ser positivo. La verdad es que no lo se.

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Javier en Enero 29, 2007  · 

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