Es cierto, la frase “trabajo digno” está bastante trillada. Pero creo que es una de esas frases que estamos acostumbrados a oír y que nunca (o pocas veces) nos detenemos a analizar. Creo que el trabajo es el objetivo del milenio más importante ya que si la gente no trabaja nunca se van a conseguir todos los otros objetivos.  Sin embargo resulta muy curioso que cuando los miembros de las Naciones Unidas se sentaron a escribir los objetivos del Milenio no incluyeron que todos los habitantes del planeta tengan un trabajo.  Francamente este olvido me parece típico de políticos que no entienden realmente de donde viene la riqueza humana.   Pero claro,  cuando digo trabajo, estoy hablando de un trabajo decente (40 horas por semana, en blanco, con un salario que alcance para vivir como vive la gente en los países industrializados), no del trabajo que todavía existe en muchas partes del mundo, que puede considerarse – lisa y llanamente – explotación.

A pesar de que los Objetivos del Milenio no lo incluyan, el trabajo decente es el mejor medio para escapar de la pobreza y el eje fundamental del desarrollo y, especialmente, del desarrollo sostenible. Porque es la cadena fundamental del proceso de creación de riqueza y la forma más digna de salir adelante. Ya que no hay mayor orgullo y compromiso de acción que aquél que resulta del bienestar logrado por el propio esfuerzo y no por la beneficencia o caridad de los demás (en este caso, las ayudas de los organismos de cooperación internacional).

Pero, ¿qué entendemos cómo “trabajo decente”? Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el trabajo decente resume las aspiraciones de los individuos en lo que concierne a sus vidas laborales, e implica oportunidades de obtener un trabajo productivo con una remuneración justa, seguridad en el lugar de trabajo y protección social para las familias, mejores perspectivas para el desarrollo personal y la integración social, libertad para que los individuos manifiesten sus preocupaciones, se organicen y participen en la toma de aquellas decisiones que afectan a sus vidas, así como la igualdad de oportunidades y de trato para mujeres y hombres.

¿Y cómo está el mundo en términos del trabajo decente? Bueno, la verdad es que muy mal. 600 millones de personas activas en el mundo (22% de la fuerza de trabajo mundial) tienen jornadas laborales de duración “excesiva”. Cerca de la mitad de los trabajadores no ganan lo suficiente para levantarse a si mismos y a sus familias por encima del umbral de la pobreza de 2 dólares al día por persona. Al menos la mitad de los trabajadores en todas las regiones del mundo desarrollo están empleados de manera informal (en los países menos adelantados de África este grupo representa del 70 al 80 % del total de la economía no agrícola).Sólo el 20% de la población mundial tiene una adecuada cobertura social y más del 50% carece de todo tipo de cobertura. Esto quiere decir que no tienen acceso a seguros de salud o desempleo, invalidez, enfermedad, riesgos laborales, maternidad o viudez.

Es por esto, por este escenario tan crítico, que estoy plenamente convencido de que los objetivos del milenio deberían apuntar al trabajo digno como meta principal. Es decir, al trabajo decente como vínculo entre la eficacia social y la económica. Porque, además de promover el desarrollo social, ya se ha demostrado que lo que hace que el trabajo sea decente también puede aportar dividendos económicos.Los modelos de gestión desarrollados en el sector minorista de los Estados Unidos, por ejemplo, indicaron que un mayor grado de satisfacción y compromiso del personal constituye la clave para el aumento de la satisfacción del cliente, y que la aplicación de este modelo produce incrementos sustanciales en las ventas. En este sentido, el trabajo decente promueve tanto a la justicia social como al desarrollo económico. Más aún: es una forma de alcanzar el desarrollo económico a través de la justicia social.

Es entonces fundamental que los países formulen políticas nacionales y locales que favorezcan este tipo de empleo. Para ello, es indispensable también la promoción de las inversiones y la modernización de la economía, el combate a la corrupción y la promoción de las instituciones democráticas de gobierno, el fortalecimiento de la salud y la educación, y la modernización de las burocracias y los sistemas judiciales. Está claro: estas metas están en las agendas de todos los organismos de desarrollo. Pero el punto es (salvo la OIT) ninguno hace referencia de forma directa la consecución del bienestar a través del trabajo digno. Y, desde mi punto de vista, esa es una estrategia decisiva para el progreso.

Con la colaboración de Maria Frick

Sigue a Martin Varsavsky en Twitter: twitter.com/martinvars

Sin Comentarios

Pablo Salmeron en junio 16, 2007  · 

Esta claro que todos los gobiernos del mundo deberían impulsar iniciativas para la mejora de la calidad de vida de sus nacionales (trabajo, salud, educación…) Lo que pasa es que muchos de esos países no son capaces de conseguir una estabilidad política. Y cuando la consiguen, normalmente los políticos que les han tocado son unos ladrones. Creo que todos deberían seguir el EJEMPLO de Evo Morales, presidente de Bolivia, el cual rebajó su sueldo y el de sus ministros en un 57%

Un saludo.

Nicolas H. Kosciuk en junio 16, 2007  · 

En lo único en que estoy de acuerdo es en la cantidad de horas decentes de trabajo, para mi 40 horas es demasiado. Imagino que ya debe existir una función que nos diga la cantidad de horas diarias por persona para que todos podamos vivir cómodamente. Y creo que esa cifra debe ser 2 horas por día por persona.
Salud!

Francisco Villamayor en junio 17, 2007  · 

Comparto plenamente el post. De hecho creo que el trabajo soluciona las necesidades economicas y lo que tambien es fundamental: dignifica!. He visto familias desarmarse por falta de trabajo, hombres y mujeres deprimirse y lastimarse (ya sea por el alcohol, etc)… y lastimar a quienes los rodean por falta de trabajo. En cambio cuando uno hace algo que lo hace sentir util, realizado, la vida cambia… es verdad lo que decis de la falta de foco que hay con el tema. se lucha a nivel mundial contra enfermedades, contra el hambre, etc… pero existen pocas ideas y proyectos para generar trabajo…. cuya falta es el origen de estos problemas….

Martin Revert en junio 17, 2007  · 

Medir el trabajo digno por la cantidad de horas trabajadas es tan falaz como aquel razonamiento que niega el éxito de una negociación a gente que no usa saco y corbata. Si lo que mencionás de la cantidad de horas lo hacés porque esa es la única manera de garantizar una remuneración aceptable, pues la cosa se pone peor. La remuneración debe componerse de una porción fija, justa, en blanco, de ley, pero también debe necesariamente componerse de una parte atada a los resultados del trabajador.

El trabajo digno es el correctamente remunerado, el estable, el que garantiza la salud completa de la familia directa del trabajador, pero por sobre todas las cosas, el que premia el esfuerzo y el resultado.

Conozco gente (y me incluyo) que con su esfuerzo logra resultados en menos horas de lo que sus trabajo le exige: Saber qué hacer con el excedente de las horas es una de las libertades más placenteras que puede sentir un trabajador, sobre todo aquellos en relación de dependencia. Esas horas pueden ser usadas para generar más resultados o bien, para potenciar otras actividades.

En mi experiencia personal, una gran frustación de esos tiempos extras es aportar ideas y acciones que mueven postivamente (y de amnera comprobable) el revenue de una gran corporación y por contrapartid a recibo exactamente todos los meses el mismo salario. Preferiría ser solidario a las utilidades de la empresa, con lo riesgos que ello pueda implicar. Como trabajador, me gustaría que mis compañeros y yo estuviéramos alineados a los resultados corporativos: Un salario fijo, por justo que sea, solo genera achatamiento, acostumbramiento y la pérdida de la iniciativa emprendedora.

Francisco Calvo en junio 17, 2007  · 

Muy buen articulo, creo q has dado en el clavo del problema, los politicos ultimamente (sobre todo en españa) estan mas preocupados por sus cuotas de poder q de resolver los problemas reales de los ciudadanos, una pena, una pena.

saludos y buen cambio de estilo de blog, me gusta, simple pero efectivo, como debe ser.

Enrique Castro en junio 17, 2007  · 

Martin:

Yo creo que se sigue midiendo el factor trabajo en tiempo, cuando se debería medir en eficacia. Aunque reconozco que esta comparación solamente sería aplicable a personal muy cualificado.

Lo que está claro es que los países industrializados deberían exportar modelos no solo de abaratamiento de costes empresariales, sino modelos de empresa sociales, como formula de crecimiento material y sobretodo democraticas, pero que estableciesen una relación de cambio mercantil y cultural recíproca, donde se estableciese la “Teoría de los juegos colaborativos” de John Nash, aplicada a una escala global. ( Puede sonar a utopía…pero estas ayudan a transformar el mundo)

Ayudaría mucho a entenderse – entendernos el mal llamado 3er mundo al mal llamado 1er mundo y viceversa.

Ahora el gran Muro se extiende de Norte a Sur.

Un saludo.

JA en junio 17, 2007  · 

Este post es buenísimo.

Es algo que siempre estoy diciendo, parece que no se dan cuenta que la capacidad de compra del ciudadano de a pie es fundamental para la salida de productos y los beneficios de las empresas.

Me comentaban el otro día que en Noruega el salario medio está por los 3.000 euros, y la vivienda media por los 30 a 40 millones de las antiguas pesetas.

Eso es lo que quisiera yo para este nuestro país. El porcentaje del salario dedicado a vivienda ahoga otras iniciativas, creo que demasiadas al ser fundamental poder tener una vivienda donde residir.

Pero con el sector inmobiliario en España nadie se quiere meter.

En los derechos del trabajador, aunque sobre el papel están bien, en la realidad desde el año 2000 sufren de cierto retroceso, esto es que te despiden muy fácilmente, que la proporción salario/coste de vida es mala, que se invierte poco en formación, y que demasiadas empresas pagan el salario mínimo, de forma notoria en sector servícios.

Conozco varios casos de personas que trabajan en empresas de Outsourcing que apenas llegan a los 650 euros por mes, y esto a turnos y bajo presión del control sobre llamadas (callcenter) que no pueden exceder cierto tiempo porque de lo que cobran es del establecimiento de llamada, por decirlo de alguna manera.

Otro ejemplo de este tipo de empresas, en sector de vigilancia con jornadas de 12 horas (Eso Sí, libran ciertos días), y sueldos que varían según empresas de los 650 euros a los 900 como média.

Por tanto insisto que este tema que planteas, está más que acertado, que pena que no tomen nota del asunto.

No creo que No se le pasase, me parece que es más una estratégia.

Salutes.

http://personasnet.blogspot.com/

Jose Cebrian en junio 17, 2007  · 

En mi humilde opinión creo que hay objetivos mucho más básicos, y por ende importantes en el siglo y en el milenio: léase acceso a la sanidad, educación…
Una vez que los pilares sean robustos podremos construir cosas por encima, como lo que comentas. Difícil labor, pero no imposible ;)

Teresita en junio 17, 2007  · 

Hay una frase muy utilizada y nunca bien ponderada “El trabajo dignifica”.
En tanto muchos hombres se llenan la boca con ella, lo menos que hacen o quieren es su concreción.
Los empresarios, en general, viven y no dejan vivir… Buscan ganancias siderales, con mano de obra lo más barata posible, especulando con la necesidad y la falta de oportunidades actuales.
Cada vez se requiere mayor preparación para acceder a empleos mediocres.
Y se extiende la política del facilismo, donde los individuos se convencen día a día, que para ser exitosos y para crecer económicamente hay que buscar caminos alternativos, que nada tengan que ver con trabajar o estudiar.

Pablo en junio 17, 2007  · 

Martin, te envio en link impresionante sobre un proyecto de e-goverment en Chile durante el gobierno de Allende, el cual fue interrumpido por el golpe militar de Pinochet.

A mi entender algo de todo esto deberian ser los objetivos a mediano plazo sobre los cuales deberiamos trabajar con las comunidades de la web 2.0.

Te lo dejo para que lo veas y armes algun post al respecto.

http://www.cybersyn.cl/castellano/home.html

http://www.ototsky.mgn.ru/it/

http://www.metaphorum.org/origin.htm

Saludos y un abrazo

Pablo

Hank en junio 17, 2007  · 

Lamentablemente, no siempre lo que uno quiere coincide con la realidad…

Actualmente se cree que el salario mínimo aumenta el nivel de vida. Sin embargo, la auténtica realidad es que el salario mínimo crea desempleo y empobrece la sociedad. Pero, ¿por qué? ¿Cómo? Espero que lo podamos ver claro y de forma sencilla en cinco puntos.

Primero; obligar a las empresas a remunerar a sus empleados con un sueldo mínimo significa que los que actualmente cobran una cuantía inferior a éste automáticamente quedan fuera del terreno laboral o bien pasan a cobrar lo mismo pero dentro de la economía sumergida. Imaginemos que de repente el gobierno de turno decide imponer un salario mínimo de 1.500 dólares mensuales. ¿Eso significará que el empresario tendrá que renunciar a parte de sus beneficios para subir el sueldo a sus empleados? Evidentemente que no (aunque por fuerza se le verá reducido a posteriori). Lo que eso significa es que todo aquel que cobre menos de 1.500 dólares mensuales inevitablemente queda despedido, o bien, primero queda despedido y luego pasa a otra empresa —o la misma— cobrando el sueldo anterior pero de forma no declarada, esto es, pasa a ser parte de la economía sumergida. En este sentido vemos cuan útil es realmente la economía sumergida, ya que ésta siempre da elección y libertad al necesitado (gente joven, inmigrantes, etc.).

Aquí alguien podría pensar que sólo el salario mínimo “alto” puede crear desempleo, pero uno reducido no. La verdad es que cualquier impedimento a la producción, por pequeño que sea, distorsiona su estructura de precios y esto siempre conduce a más desempleo y menos elección para el consumidor, trabajador o empresario.

Segundo; un incremento en el salario siempre es un aumento en los costes (el sueldo no es más que otro coste sobre el producto). En principio, esto no tiene porque ser maligno, pero si este aumento se debe a la coacción de las leyes que no obedecen la estructura productiva real —o la decisión del consumidor— el resultado serán precios irreales. Pero, ¿todos los productos se encarecen por igual? No, pero al final todos acaban encareciéndose. Los primeros segmentos en los que se notará este aumento serán los que provienen de empresas con una estructura más trabajo intensivas, es decir, que para la elaboración de su producto son necesarias más personas que no máquinas, como por ejemplo, las pequeñas empresas, el sector agrícola, etc. ¿A qué se debe? A que toda la estructura productiva, en última instancia, está entrelazada entre si. Si aumento el coste de la madera (subiendo el sueldo al leñador de forma artificial o por coacción legal) ésta tendrá que ser vendida más cara al fabricante de sillas, mesas, etc. A la vez, el que vende las sillas las tendrá que vender más caras a la inmobiliaria, y la inmobiliaria que provee a otras empresas que no están relacionadas con la madera repercutirán el coste a sus consumidores (consumidores finales, empresas, etc.). A esto añadamos que a cada paso intermedio en la producción también se añade un aumento en su coste por trabajador, con lo que el aumento realmente no es nada despreciable. ¿Cuál ha sido la consecuencia? Que el aumento impuesto de los sueldos sólo ha beneficiado a una minoría que “cobra más” (si no ha sido despedida antes) pero ha empobrecido a una mayoría, ya que esta mayoría, percibe los mismos ingresos pero paga más por los productos que consume.

Tercero; de aquí se deduce rápidamente que este encarecimiento sobre algunos bienes serán demasiado caros para que alguien los quiera comprar. En este caso habrá una disminución de la demanda global, y de forma más acusada puede ocasionar que el margen sobrante para el empresario (beneficio puro) sea tan bajo que provoque la desaparición de algunos productores marginales. Esta reducción de la demanda en los productos marginales (es decir, de poca demanda per se) podrán crear monopolios o reforzarlos si ya existen. Un monopolio, en este caso, se crea gracias a los elevados costes de la elaboración del producto donde inevitablemente sólo pueden ser costeados por una sola empresa ya que no hay margen para nadie más. Y es que ciertamente la tendencia al monopolio es un hecho característico de las leyes y el estado. En ausencia de los dos, los monopolios serían prácticamente inexistentes.

Como consecuencia de este punto podemos llegar a la conclusión que el salario mínimo (y leyes in extenso) destruye la principal base que puede sostener el trabajo continuo y sano: La Producción. El fin no es el trabajo, éste es un medio o herramienta, sólo la masiva, anárquica y compulsiva producción es el fin; ¡y cuanto más mejor! Esto es lo que realmente, junto al ahorro y capitalización, crea trabajo para todos.

Cuarto; al reducir coactivamente los beneficios de las empresas, donde las más afectadas serán las pequeñas, éstas se volverán menos competitivas perdiendo mercado y trasladando, consecuentemente, una parte de su demanda a las grandes firmas. La otra parte de la demanda queda literalmente muerta, es decir, la gente y otras empresas (demanda) compran menos debido un aumento de los precios. Por ejemplo, una de las consecuencias de la funesta política inflacionista salarial puede llevar a cerrar la clásica ferretería para transmitir parte de su demanda al gran almacén. Si este proceso hubiese sido libre y natural no habría habido ningún problema (en estos momentos la explicación de la causa no importa, sino el efecto) porqué habría venido de la libre elección del consumidor y el empresario podría haber encontrado otra oportunidad en otro negocio, pero al ser impuesta significa que ese pequeño comerciante ya no podrá montar otro pequeño comercio porque tendrá que pagar igualmente el salario mínimo a sus nuevos trabajadores; por lo tanto, la única solución que tiene es pasar a ser un desempleado más o un nuevo asalariado frustrando gracias a la “justa ley social”.

Aquí podemos volver al punto primero; y es que quedar desempleado en un mercado saturado (en parte gracias al salario mínimo) dificulta la recolocación en el mercado de trabajo. No ocurre lo mismo en una economía totalmente libre donde la rotación es alta, fluida y sana. Esto me recuerda una entrevista que concedió Henry Hazlitt a un periodista. Como él decía más o menos: cuando era un muchacho y empecé a trabajar no duraba más de tres días en una empresa, pero en aquel entonces —primer cuarto del siglo XX— no había problemas con el trabajo. Cuando me despedían sólo tenía que comprar el periódico y esa misma tarde ya tenia trabajo en otro sitio, al menos durante tres días más… De esta forma Hazlitt llegó a convertirse en un renombrado y prolífico periodista y en un auténtico campeón de la libertad en el campo filosófico y muy especialmente en el económico.

Quinto; el inevitable aumento de los precios nacionales convertirá los productos de las empresas extranjeras en más competitivos, y consecuentemente, aumentarán las importaciones y disminuirán las exportaciones. Este hecho aún castigará más a las empresas pequeñas obligándolas a cerrar, o bien, a pasarse a la economía sumergida. Dicho de otra forma, el estado con sus leyes crea competencia exterior a costa de la que podría haber generado el propio mercado nacional de forma libre.

El auténtico problema no es el salario mínimo en si, sino toda la amalgama de leyes que intentan crear una justicia distributiva. Por razones de tiempo no he explicado todos los efectos que puede causar el salario mínimo ni las leyes que el estado vuelve a crear para solucionar el problema que él mismo ha creado. La consecuencia pero, es un empeoramiento o degeneración de la situación. La libertad no sólo es un imperativo ético, metafísico ni difuso, sino que la negación de ésta también afecta de forma nefasta en temas tan prácticos como pueden ser la economía.

Esto no es mío, sino de Jorge Valín.

harold en junio 18, 2007  · 

mi humilde opinión es que por las dificultades que representa medir la calidad de un trabajo digno, ya sea por las diferencias sociales que existen entre los distintos países, idiosincrasias, etc, no bastaría sólo con establecer un tipo de sueldo mínimo o tiempo de trabajo semanal, ya que eso no afecta, en forma directa, la calidad de vida de una persona. Sería mucho mejor si se garantizaran beneficios básicos para las personas, mejoras en la educación, garantizar la vivienda, cantidad de hospitales por masa poblacional.

Javier en junio 18, 2007  · 

#1 Pablo

Medidas como rebajarse el sueldo me parecen de gobernantes mediocres y populistas.

El problema no es que Evo o cualquier gobernante tenga un buen salario, el problema es que no haga nada que justifique ese salario.

Si yo en mi pais tengo un presidente que esta permanentemente generando riqueza y elevando el nivel de vida general, me da igual si gana mucho, yo como ciudadano se lo pago.

Esto es como los sueldos de los directores de las empresas, los accionistas no pondran muchos “peros” a sus salarios, en tanto lo justifiquen.

Si Evo gobierna bien y genera riqueza, que siga cobrando su sueldo “alto” e incluso le daría un “diego” como incentivo. No voy a discutirle 10 mil euros mas o menos si realmente es capaz de administrar todo un pais y ponerlo en el siglo XXI.

fpuga en junio 18, 2007  · 

El trabajo digno si está recogido en el 8 objetivo.

En cooperación con los países en desarrollo, elaborar y aplicar estrategias que proporcionen a los jóvenes un trabajo digno y productivo

Párrafo 5 del objetivo 8 de la página que tu mismo proporcionas

pepecr en junio 18, 2007  · 

Varsavsky pasaba ahora por aqui y siento decirle que me he quedado destroazdo al ver que has cambiado el diseno de tu blog. Es horrible como te ha quedado lo siento decir, de un minimalismo insoportable con un blanco brillante que descandila los ojos y la columna frame de la derecha desperdiciada con merchandising y a costa de reducir el espacio para lo mas sabroso del blog, tus propios post!!

joaquin en junio 19, 2007  · 

me enganche con este tema y justamente hoy leia en el diario de mi pais, que en eeuu ya los ricos no se los llaman ricos, sino megaricos , que poseen aviones y pistas de aterrizajes propios, no utilizan obras sociales, ya que tienen todos los medicos propios llamados medicos conserjes, utilizan relojes suizos de 600000 dolares, y demas cosas que me dejaron pensando….
en 1985 eran 13 los americanos que tenia mas de 1000 millones de dolares, hoy superan los 1000 , solamente en el año 2005 se registraron mas de 227000 nuevos millonarios………….
lamentablemente en mi pais en esas fechas empezaba un gobierno democratico , y a diferencia que en eeuu , en mi pais hubo aumento de villas miseria o barrios marginados, escacez de trabajo, hospitales desbordados y descuidados………..sin ponerme a hablar del aumento de la deuda externa o “eterna” , que nos hace un pais cada año mas pobre.
o sea, para que un pais sea cada vez mas rico , necesita de otro pais que sea cada vez mas pobre??
mientras los hijos de los megarricos piden de regalos de cumpleaños viajar en aviones de linea (para saber como es viajar con mucha gente ) en mi pais piden seguridad……..y dentro de poco un plato de comida
mas que salario minimo, no sera mejor poner limite a la riqueza???

roberto en junio 19, 2007  · 

intentando contestar a su pregunta “¿por qué un trabajo digno no es un objetivo del milenio?”
Tal vez se parezca mucho a esa otra frase “Arbeit Macht Frei” (el trabajo te hace libre) , que tanto dolor produce recordar.
Y es que el aprovecharse del trabajo ajeno disfrazándolo de beneficio común sigue estando muy presente hoy en día. Lease la diarrea mental de Jorge Valín en el comentario 11 para hacerse una idea.
Saludos

Hank en junio 19, 2007  · 

Roberto nº17.
Con razonamientos como el tuyo se llega al interesante concepto de “plusvalía” que tanto bien ha generado en países latinoamericanos con gobernantes que se esfuerzan por distribuir lo ajeno.
No hacen falta argumentos, sólo aprovechar la envidia, generar rencores, y mucha demagogia.

Martin Varsavsky en junio 19, 2007  · 

El 1% de los estaounidenses tiene el 40% de la riqueza del país. En 1975 tenía el 20%. Eso lo dice todo.

graciela dr en junio 20, 2007  · 

Muy bueno tu artículo sobre el trabajo decente. Es de esperar que los gobernantes de todos los países se aboquen a la tarea de crear reglas de juego sensatas para que los emprendedores puedan generar los puestos de trabajo digno que hacen falta. Pero también estos emprendedores deben aprender a valorar la creatividad y los buenos resultados de la tarea de sus empleados cuando se de el caso. En todos los órdenes del quehacer humano debe haber mayor reconocimiento para el/la que logre crear más valor con su trabajo.

Hank en junio 20, 2007  · 

Realmente participé porque consideré que era un tema serio.
Martín, ¿qué significa eso del 1%? ¿Qué hipótesis abona? ¿Qué es todo lo que dice?.
¿Cuáles son las causas, y qué significa?.
Sin un análisis concienzudo, y apoyado por teorías fuertes no podemos inferir nada.
Por ejemplo, puede acumularse la riqueza, pero con un crecimiento no proporcional (cosa que a Marx le parecía muy mal, porque la gente iba a envidiar al que creciese más, sin importar si lo merecía o no); o puede ser una consecuencia de lo explicado en el # 11: los incrementos en los costes, sobre todo en la producción de bienes, favorecen la combinación tecnología-trabajo con mayor proporción de tecnología, potenciando a las grandes empresas, en detrimento de las pequeñas; aumentando la brecha entre ricos y pobres.
Ojo, no todas las empresas se dedican a servicios con bajo costo; hay empresas donde el factor trabajo es muy relevante en términos de costos. Con medidas que incrementan estos costos, estas empresas se ven complicadas mientras más pequeñas son.
La historia está llena de ejemplos donde los “hechos” favorecen teorías que no representan adecuadamente la realidad. Por ejemplo cuando se comenzó a insinuar que la tierra giraba, hubo quienes decían “las personas no salimos despedidas al espacio, eso lo dice todo”.

Martin Varsavsky en junio 20, 2007  · 

Hank,

Lo del 1% /40% lo lei en el Economist

Hank en junio 20, 2007  · 

Perfecto, pero, ¿hay algún análisis respecto de eso que leíste en el economist, o es simplemente para leer el dato?
No entiendo la acotación.

sobeksen en junio 24, 2007  · 

Martin, acabo de ver el rediseño de tu blog, al menos a mi no me funciona desde la Blackberry

:(

guadalupe sobron tauber en junio 27, 2007  · 

tengo 12 años y estoy trabajando en mi colegio sobre este tema.La verdad me parece algo totelmente cierto y dramatico, tomando en cuenta que en nuestra sociedad, donde el trabajo se devería valorar no solo de parte del pueblo, sino desde las autoridades. No comprendo la razon en la que vivimos , porque,si bien el que lea esto no va a leer un gran comentario ,visto que mi edad no me deja comprender todo lo que es el tema mas de organizacion nacional,yo pienso que si la politica tuviese un poco mas de comprencion, menos egoismo y la voluntad que ponen para ganar una campaña podria hacer algo por la gente que los eligio como representantes.

Nicolas H. Kosciuk en junio 29, 2007  · 

Yo de nuevo, en el post #2 digo que 2 horas de trabajo serian suficientes, y ahora me creo con más razón. Dejo un articulo de un tal Bertrand Russell que descubri recien (el articulo, al autor ya lo conocia de antes, jeje), en el que dice que 4 horas alcanzaria, pero como el articulo es de 1932, creo que hoy diria el mismo numero que yo o quizá menos.
En mi página en español y en otro sitio en inglés.

burnot en octubre 7, 2007  · 

JAJAJAJA LLEGUE A ESTA COSA ESCRIBIENDO EN GOOGLE “TRABAJO DIGNO” Y PRESIONANDO VOY A TENER SUERTE … SHE !!!

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