Kirchner está haciendo algo que nadie hizo en la historia de la Argentina en los últimos 50 años. Está acumulando un botín. Mientras que todos sus predecesores malgastaban, emitían y se endeudaban, Kirchner cobra, cobra y gestiona el país con el superavit fiscal más alto del mundo. La prudencia fiscal de Kirchner, combinada con una política social generosa, es uno de los mayores logros de su gestión. Sin embargo, es una estrategia que representa un enorme peligro para él y para el país.

Luego de renegociar la deuda argentina con mucha habilidad, lograr una quita enorme y de crear una base impositiva increiblemente rentable para el país, la administración de Kirchner acumula reservas día a día. Pero lo que para Kirchner es un colchón de seguridad, puede significar un enorme incentivo para un rival político que pretenda llegar al poder.

Así como los accionistas de Microsoft reclaman mayores dividendos al ver que la empresa acumula ganancias (o los de IBM en su momento), en pocos años, los rivales de Kirchner por la presidencia basarán sus campañas en la posibilidad de repartir dividendos entre los argentinos y así conseguir sus votos.

Tal como Bush se gastó el superavit fiscal de Clinton en aventurismos militares y consiguió frenar la economía, el sucesor del presidente argentino podría descarrilar el crecimiento económico con una política populista basada en gastar el botín de Kirchner.

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Jerónimo Zambrano en mayo 26, 2005  · 

Emilio Saint Clair en mayo 26, 2005  · 

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ANA en julio 27, 2007  · 

paulo en enero 21, 2009  · 

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