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Córcega y Mallorca son dos de los destinos más importantes del Mediterráneo. Pero este año, mientras navegaba con mi familia y visitaba las dos islas noté con sorpresa lo diferente que han sido sus desarrollo económico. A Mallorca le ha ido muy bien y es una de las regiones más ricas de España. La historia de Córcega dentro de Francia es la opuesta, es una de las más pobres. Si bien esto tiene más de una explicación, creo que el principal diferenciador ha sido la postura que cada una de las islas adoptó frente al turismo de masas.

Mallorca posee maravillosos paisajes que sus habitantes han sabido transformar en un éxito económico. Hay quienes dicen que el desarrollo se debe, históricamente, a la proximidad de Mallorca a Cataluña (donde se realizó la revolución industrial española) y a Barcelona (que se convirtió en un poderoso centro de consumo). También se menciona como decisivo el factor humano, especialmente en lo que refiere a la creatividad de su gente. Pero lo cierto es que, además, esta cuenta con una eficaz política de turismo que se ha sabido mantener en el tiempo y cuyos resultados son evidentes: hoy el turismo es la principal base económica de la isla.

Mallorca no ha alcanzado este crecimiento en un día, sino que sus orígenes como destino turístico se remontan al año 1905, cuando se aprobó su primer reglamento en los locales de la Cámara Oficial de Comercio, Industria y Navegación de Baleares. Fue entonces cuando se comenzó a promover las infraestructuras y los medios de comunicación necesarios para llevar a cabo proyectos como carreteras, lugares de interés público o una incipiente producción publicitaria. Y aunque tanto la Guerra Civil española como la Segunda Guerra Mundial paralizaron toda actividad turística, durante los años 40 se comenzó la reconstrucción y la adecuación de las infraestructuras dañadas y se continuaron las mejoras en las comunicaciones. Luego, la década de los años 50 supuso un punto de inflexión turística para la isla y los años 60 trajeron consigo el turismo de masas tal y como lo conocemos hoy en día. El resultado es que actualmente Baleares es el destino preferido de los españoles, alemanes y muchos ingleses. Aunque mucho de la isla está arruinado por la construcción para el turismo de masa a los mallorquines les ha ido muy bien con el turismo.

Córcega, sin embargo, es uno de los hermosos del Mediterráneo pero carece de una infraestructura adecuada. Llamada “Isla de la Belleza” por su increíble contraste de colores, tiene un territorio tres veces más grande que Mallorca pero tan sólo 260 mil habitantes (en comparación con los 790.763 habitantes mallorquines). Y si bien su población mantiene los rasgos fundamentales del carácter mediterráneo (marcado por la creatividad, iniciativa individual, el “savoir faire” ancestral y las antiguas tradiciones agropastorales y artesanales) su PBI se sitúa entre los más bajos de Europa. La columna vertebral de su pequeña economía no es tanto el turismo sino la función pública absurdamente inflada.

Es cierto que la historia de sometimiento y marginación y lucha independentista del pueblo corso sin duda repercutieron en su posibilidad de desarrollo y crecimiento. También es verdad que su aislamiento geográfico relativo provoca algunos problemas económicos. Sin embargo, esta situación se debe también en gran medida a que Córcega ha decidido apostar por un turismo moderado; de forma que su política opta por la conciencia ecológica y protege sobre todas las cosas el entorno natural. Así es que el viajero que llegue a Córcega verá muy pocas cadenas hotelera, o grandes bloques de edificios en las primeras líneas de mar. Por el contrario, quien circule en coche por carreteras secundarias hallará rebaños de pequeños cerdos, con prioridad de paso y dueño perdido. De esta forma, a pesar de que el turismo (en su mayoría francés e italiano) ha infundido cierta estabilidad económica: hoteles, restaurantes y tiendas han resucitado determinadas áreas, la tranquilidad sigue inalterada. Es mucho el espacio que sigue vacío, las playas solitarias y los valles perdidos; e incluso las zonas explotadas distan mucho del ajetreo de la costa española.

Córcega plantea, en este sentido, más de una controversia. ¿Cuál es el equilibrio entre el crecimiento económico (y el bienestar de las personas) y la protección del medio ambiente? ¿Cuál es el punto medio entre la preservación de la identidad (tan fuerte en Córcega) y el turismo de masas?

Luego de visitar numerosas veces las dos islas mi conclusión es la siguiente. A título personal me encanta Córcega. Aunque le tengo mucho cariño a Mallorca ya no aguanto la cantidad de gente que cirucla por la isla en verano. Realizar una de mis actividades favoritas, el ciclismo es muy difícil debido a la enorme cantidad de coches. Pese a que pasé una parte de todos los veranos desde el año 83 en Mallorca mis estancias en la isla se fueron acortando, especialmente desde en el año 2000 que me compré la finca en Menorca isla que es bastante el modelo de desarrollo de Córcega (pero igual es más próspera). Pero lo que entiendo es que los mallorquines aunque para mi como turista no sea el ideal, prefieran su modelo de desarrollo. No solo lograron en su conjunto sacarle un enorme rendimiento al turismo en la misma Mallorca sino que los emprendedores del turismo mallorquín salieron a conquistar el mundo del turismo global con muy buenos resultados. Y para los que están en contra del turismo de masa mi respuesta es similar a la que le doy a la gente que me habla horrores de los centros comerciales porque causaron mucho daño a los comercios menores y es que gracias a tiendas tipo Carrefour o WalMart millones de personas logran llegar a fin de mes. Es fácil estar en contra de los tour operadores y el turismo en autobus pero para la mayoría de la gente es eso o pasarse las vacaciones en su casa. Es por todas estas razones que aunque yo mismo me haya cansado del desarrollo brutal de Mallorca cuando veo el enorme nivel de desempleo y falta de oportunidades de Córcega me parece que lo que es bueno para los turistas amantes de la naturaleza como yo, es malo para los corsos.

 

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