Una manera de clasificar a la población adulta es dividirla entre solteros y casados. Esta clasificación me parece, en general, poco útil. Prefiero otra parecida, pero más realista: la de gente suelta o en pareja, ya que lo del casamiento me parece que es más la parte legal del amor. El amor en sí se manifiesta en la vida de pareja con o sin papeles.

Pero otra clasificación que me parece más significativa es la de separar a los adultos entre los que son y no son padres. Creo que los que somos padres tenemos algo más fuerte en común con otros que son padres, que los en pareja con los no en pareja. Esto es en parte porque casi todos los que son padres o están o han estado en pareja, así que el concepto de ser padre engloba casi siempre al de pareja presente o pasada. Además, los padres han asumido el compromiso más grande que se pueda asumir en el amor, el amor paternal. Esto ayuda a entender a la distinccion entre divorciados, con hijos o sin hijos, ya que los divorciados con hijos nunca están realmente divorciados porque deben coordinar de una manera casi cotidiana la vida de los hijos. O sea que mi visión de la evolución de la vida adulta pasa por estar en pareja más que por casarse y por tener hijos más que casarse o estar en pareja.

Pero mirando a mis amigos varones –cuyas edades varían de entre 31 años a 57, con una concentración entre los 38 y 49–, veo que aunque la mayoría de mis amigos tienen hijos tengo un grupo importante de amigos varones que son muy exitosos en su trabajo, pero no están interesados en armar una pareja estable o tener hijos. Estos son mis amigos a quienes denomino cazadores y así les distingo de mis amigos agricultores, los que crian hijos, ya sea casados, que son la mayoría, o divorciados, o casados con otra pareja, otro grupo importante.

Mis amigos cazadores ven a la mujer como conquista y por lo que vi estas vacaciones y pueden tener relaciones sexuales con la misma cantidad de mujeres en un mes que mis amigos agricultores en los últimos 20 años.

Una cosa que me resulta rara de mis amigos cazadores es que encuentran tantas mujeres dispuestas a pasar una noche con ellos. En general, la combinación es entre hombres de 40 y pico y mujeres de 20 y pico, porque en ese encuentro ninguno de los dos parece interesado en encontrar pareja estable. En ese juego se quedan colgadas bastantes mujeres de 30 y pico que, aunque muy atractivas, asustan a los cazadores por tener frecuentemente objetivos diferentes a los de ellos. Pero aunque así sea la dinámica de lo que en inglés se llama “one night stand”, o sexo de una noche, me sorprende no tanto por el lado del hombre, sino por el de la mujer, ya que los hombres tenemos el orgasmo garantizado inclusive en el sexo de una noche, pero son pocas las mujeres capaces de alcanzar el orgasmo con un tipo desconocido la primera noche. Y, sin embargo, lo hacen porque por cada hombre que tiene un one night stand hay una mujer.

Claro, también están los cazadores que se convierten en agricultores y debe haber mucha mujer interesada en ser la que lidere este cambio. Esto es posible, pero poco probable, porque mis amigos agricultores parecen haber sido agricultores desde muy jóvenes y su vida, entre la cual me incluyo, es una lista de amores que duran entre 1 a 5 años hasta llegar al matrimonio, que a veces es una serie de matrimonios. Pero inclusive este tipo de vida que le puede parecer inestable al amigo que se casó con su novia del secundario (tengo 3 amigos así) para mi la gente que tiene una sucesión de parejas e hijos se diferencia mucho de los amigos cazadores.

En general, conozco pocos casos de amigos cazadores que luego de estar con unas 30 mujeres diferentes por año terminan con solo una por muchos años. Lo de ser cazador parece ser una personalidad, algo así como ser heterosexual, homosexual, y no tanto una ardua e intensa selección en el camino a la monogamia. Por lo que vi, la mujer cazadora (y si a este punto quieres dejar este artículo sobre comportamiento humano basado en una mínima casuística que serán las 200 personas que conozco, te entiendo por lo superficial) es menos común, pero no por eso inexistente. En mi universo de conocidos existen un par de ellas. Pero más común que la mujer cazadora es la mujer que esperando a su príncipe ha abandonado el sexo. Conozco más casos de estos, mujeres que deciden que si no consiguen el hombre ideal no tienen relaciones. Recuerdo una amiga que le contó a los 83 a mi abuela Juana mientras jugaban al bridge que “últimamente se estaba arrepintiendo de haber guardado su virginidad esperando al hombre perfecto”.

Ultimamente, y sin dar nombres, tuve interesantes debates con mis amigos cazadores. No es que yo esté evangelizando el matrimonio porque en el se sufren enormes dificultades y que la mayoría de los matrimonios fracasan, pero en mi opinión una de las razones por la que los matrimonios fracasan es justamente por las absurdas promesas que se hace en el momento de casarse y no porque fracasen en sí. Si una pareja se jura amor eterno el día de la boda cualquier cosa menos que la eternidad es un fracaso, pero para mi una pareja de sólo 5 años sería un gran logro para mis amigos cazadores. Pero tal como son las promesas en las bodas, no me sorprende que mis amigos cazadores, teniendo que elegir entre la eternidad y lo efímero, se queden con lo segundo. Prometer amor eterno hoy en día es absurdo. Para mi los matrimonios tendrían que ser promesas renovables de 5 años y así quizás durarían más, pero eso es otro tema y mejor volvamos al de los cazadores y los hijos.

Los cazadores no pueden tener hijos y si los tienen es por accidente. Mi “pŕedica” a mis amigos cazadores no pasa por el lado religioso, porque no lo soy, ni pasa por el lado ético, porque no considero mejor en si el comportamiento del agricultor que el del cazador (sí, hay un argumento en el cual si nadie quisiera tener hijos la sociedad desaparecería, pero ese es aún otro tema). Lo que yo argumento cuando veo un amigo de 48 años que está llevandose a su cama a la mujer guapísima número 253 de su vida (sí, perdieron la cuenta pero debe ser algo así) es que ese cazador sería más feliz colgando sus armas de seducción y dedicándose a plantar árbolitos. Porque digamos así, aunque más del 50% de los matrimonios fracasan, lo que casi nunca fracasa es la paternidad. En todo mi entorno, no conozco un solo caso de alguien que cansado de su hijo lo haya dado en adopción. La paternidad puede tener más o menos éxito, ser más o menos satisfactoria, pero en condiciones normales nunca es un fracaso. Y las parejas en mi opinión tampoco son un fracaso. Lo importante al entrar en una pareja no es contar con que va a durar toda la vida, sino tener la esperanza. Esa esperanza es lo que para mi resume el sentimiento de amor y es en base a esa esperanza que se decide ser padre. Y ser padre si que es para toda la vida.

Supongo que a esta altura mis lectores me imaginarán un perdido predicador de la paternidad que durante las últimas vacaciones en José Ignacio, abría las puertas mientras un amigo cazador se tiraba a una diosa y le decía que cambiara sus costumbres promiscuas, pero creanme, no era así. Yo no me metía con ellos. Eran mis amigos cazadores que por la tarde me escuchaban charlar con mis hijos más grandes, Alexa, Isa y Tom y me decían cosas como “tus hijos son contagiosos”, “si me garantizaran tener hijos como los tuyos los tendría seguro”. Pero sus comentarios me parecían poco creibles. Cuando le preguntaba que si así era por qué no se quedaban con la mejor de las tantas mujeres con las que están y armaban una pareja, una familia, me respondían que ninguna de ellas era la mujer perfecta.

¿Perfecta? En este caso lo perfecto es enemigo de lo bueno. Entre amigos casados que estaban en Uruguay, cuando les preguntaba si creian que su mujer era la mujer perfecta directamente se reían, especialmente si la Sra supuestamente perfecta no estaba presente. Lo mismo ellas, ¿mi marido? ¿perfecto?. Escuchaba más frecuentemente lo contrario. Muchos de mis amigos argentinos llaman a sus esposas de muchos años las “jabrus” que quiere decir las brujas al revés (si, en Argentina se habla al revés, en lunfardo). Y como no estoy metido en la intimidad femenina no se que se contarán las mujeres, pero mi imagino que sus reuniones estarán lejos de ser encuentros en los que las señoras se pelean para demostrar que su marido es realmente perfecto.

Justamente casarse es comprender que el matrimonio es más que nada un entendimiento entre dos personas normales, no perfectas, cuyo amor va y viene según las épocas. El amor es un recorrido que va de la pasión total al frecuente odio pasando por la indiferencia, el cariño, el respeto, la necesidad mutua, la obsesión ( quiero encontrar al rabino o cura que diga esto en una boda). Sin embargo, en este mar de dudas hay un punto en el que hombres y mujeres parecen estar mucho más de acuerdo sobre por donde encontrar la perfección y es cuando se habla de los hijos.

El tema de la perfección de los hijos es especialmente común entre judíos como yo. Es más creo que gran parte de nuestro éxito como comunidad viene en mi opinión de la increible devoción que tenemos hacia nuestros hijos (mucho del humor judío pasa por padres discutiendo quien tiene hijos más perfectos). Este sentimiento se traduce en chicos que crecen con mucha confianza en si mismo. Pero judíos o goi (no judíos) todos adoramos a nuestros hijos y el tema de la perfección viene más por ese lado que por el lado del esposo y esposa. Así que mi consejo a mis amigos (y lectores) cazadores es que si buscan la perfección que no se preocupen, que la van a encontrar, pero en sus hijos. Una mujer puede amar a su marido, le puede adorar, pero cuando su hijo de dos años levanta sus brazos buscando amor…..ah! esa es la perfección! La misma que siente un padre cuando llega a la casa y los chicos van corriendo ¡¡¡¡¡¡¡¡¡Paaaaaaaaaaaaaapi!!!!!!!!!!! Compara esto con ir a llegar de la oficina e ir a encender tu equipo de audio o la tele , o la compu en tu pantalla gigante le digo yo a mis amigos, los exitosos cazadores. Y no hablar de las conversaciones de ciencia, política, cine, tecnología que tengo con mis hijos mayores, del orgullo que sientes que ellos son una versión de ti…. pero mejor. Además, los mejores momentos de pareja pasan justamente por los hijos y el sentimiento de traición de un matrimonio con hijos cuando les dejan y se van en plan romántico es una realidad (auque en muchas parejas el romance luego de 20 años también es posible). Así que mi consejo a mis amigos cazadores para pasarse a la agricultura pasa por dos vertientes, una que el verdadero amor, incluyendo en mi opinión los mejores momentos sexuales, solo se conocen en el amor de una pareja y que el primer paso es llegar a la pareja, y el otro, que si quieren perfección que esperen a ver la cara de sus bebés.

¡Viva la agricultura!

pd: solo uno de mis amigos cazadores después de las vacaciones asegura estar en búsqueda de un arado, si eres lectora y buscas un nuevo agricultor te paso el dato 😉

pd2, si eres lectora y te encantan mis guapísimos y exitosos amigos cazadores y el compromiso no es lo tuyo….también te paso el dato…

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