Ya conté lo complicado que fue llegar a Aspen y al llegar las cosas no mejoraron mucho. Una cosa que me había olvidado de contar es que mientras volaba en Lufthansa business, descubrí que los asientos cama que ofrece la aerolínea tienen un factor altamente peligroso. Resulta que tenía la MacBook Air –que se supone que es el ordenador portátil más fino del mercado– en el piso y al convertir el asiento en cama….horror….el puto asiento destrozó mi MacBook Air, que no resultó ser lo suficientemente fina.

No entiendo como pudo pasar eso. No fue en toda la compu, sino que el asiento tenía como una parte punzante que entró por encima de la MacBook Air y destrozó la pantalla, pero no el resto de la computadora. Así fue que me econtré sin compu y la sensación fue parecida a la de perder las llaves de mi casa y no poder entrar. Sabía que todo estaba adentro, pero no podía acceder. Lo que me salvó de esta situación fue que mi hija Isa llevaba su Mac y lo fácil que es en las Mac crear una nueva identidad y con .Mac tener en pocos minutos toda tu información clave. Además, con el Foxmarks conseguí rearmar toda mi vida en la web y como uso IMAP tenía todos mis correos (que además los tengo en dos back ups, uno en yahoo mail y otro en gmail).

En Aspen no venden Macs, pero si tienen una tienda que repara Macs. Cuando llegué no lo podía creer. El taller de Macs era un caos total con un tipo cuyo tacho de basura estaba lleno de botellas vacías de cervezas, pero que antes de que me escapara vió mi compu y me contó algo curioso. Parece que Apple siempre te repara una Mac, aunque la hayas destrozado como en mi caso, por un coste máximo de 850 dólares. Y como mi MacBook Air me costó 1850 dolares le dije que si y se la dejé para que me la enviara a mi piso de NYC. Así que con suerte el daño será de 1000 dólares menos de lo que pensaba.

Pero bueno, ahí no terminaron las desgracias. Lo siguiente fue que me agarró el soroche o enfermedad de la altura. Un desastre. Aspen está a 2500 metros y mi cuerpo tuvo una reacción poco común a la altura. No solo tuve lo que otros tienen, dolores de cabeza e insomnio, sino que además pasé unas 15 horas con más de 38 de fiebre, una fiebre que me hizo pasar chuchos de frío, que me tuvo en cama y que lo único bueno de todo esto fue que mi hija Isabella, de 15 años, me cuidó con enorme cariño y disciplina. “Papi, ya se que vas a tener aún más frío, pero esta fiebre la tenemos que bajar”, me decía mientras me ponía toallas frias que me hacían tiritar, y yo recordando cuando pocos años antes le hacía lo mismo a ella. Y fue así que ella terminó yendo al cumpleaños de mi amigo Jack Hidary con muchos amigos míos y yo me quedé en cama por 15 horas.

Ahora lo loco de todo esto es que esta mañana cuando me desperté a la absurda hora de las 3 de la mañana luego de dormir 10 horas (bueno no tan absurda si pensamos que hay 8 horas de diferencia con España), me había curado totalmente. No tenía fiebre y me sentía perfecto.

Así que hoy que tengo el encuentro con Clinton en la reunión de consejeros de su fundación y que hace pocas horas pensaba que no podría asistir, estaré en buen estado. Voy a recuperar mi MacBook Air y recuperé mi salud, lo más importante.



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