Si, ya. Muchos me dirán “Martín por qué no dejas de leer El País y punto”, como ya ha ocurrido en el pasado. Pero como dije yo leo a El País, junto con La Nación de Argentina y estos dos periódicos me parecen los mejores en castellano. Pero hay cosas que me indignan sobre El País que no ocurren con La Nación. Estas tienen que ver con tres temas: la cobertura de Oriente Medio, el uso de El País como una máquina de ingreso y promoción para las otras propiedades de Prisa y los ataques de El País a El Mundo, su primer competidor, ataques en los que el buen periodismo se mezclan con intereses económicos de derrotar a un rival mucho más débil en papel, pero más fuerte en Internet que es el futuro.

Empiezo con el tema del Medio Oriente. Durante toda la confrontación entre Israel y los Palestinos El País se ha puesto del lado de los Palestinos, olvidando que si bien Israel comete acciones imposibles de defender —como demoler las casas de los familiares de los terroristas o asesinar a líderes terroristas desde helicópteros en vez de aprenderlos y juzgarlos como en toda democracia–, los Palestinos no sólo hacen lo mismo y matan mujeres y niños en autobuses, o disparan con armas de guerra a centros civiles en Israel, sino que al luchar por la eliminación total del Estado de Israel pierden la oportunidad de tener su propio país y terminar el conflicto.

Pero lo paradójico es que ahora que los libaneses luchan contra los palestinos, digamos los árabes, porque los libaneses, tanto los cristianos como los musulmanes, son árabes… ahora que los árabes luchan contra los palestinos… la postura de El País es que los palestinos atacados por los libaneses ya no son víctimas o mártires sino que son Yihadistas.

En general, yo diría que la postura de El País en Medio Oriente está alineada con la del gobierno de Arabia Saudita, algo que siempre me resultó incomprensible ya que la vida en el reino de Arabia Saudita es lo más diferente a lo que nos puede gustar en España. Mi postura hacia Medio Oriente, aún siendo judío, ha sido de que los conflictos de esa región no son entre buenos y malos, sino entre malos y malos y que ya nadie es “inocente”. Pero El País, por ejemplo, decide dedicarle hoy, cuando la noticia es claramente la guerra civil que existe hoy en El Líbano, una página entera a la guerra entre Hezbolá e Israel del año pasado, una guerra en la que Israel efectivamente usó demasiada violencia con poco éxito, una guerra en la que yo estuve de acuerdo con El País en criticar duramente e, interesantemente, que critican la mayoría de los israelíes.

¿Pero qué tiene que ver ese artículo hoy cuando la noticia es la batalla entre los libaneses y los palestinos?. Es como si El País, preocupado con que Israel no es responsable de las muertes de este conflicto, decidiera meterlo ahí para recordarnos lo malos que pueden ser. Y junto a este berenjenal tenemos a Angeles Espinosa, que conocí durante mis viajes por Oriente Próximo que nos cuenta la horrorosa noticia de que Ahmadineyad ha empezado la cuenta atrás para destruir a Israel, y efectivamente cuenta como Irán ha convertido en política de estado destruir a Israel, pero luego nos explica el entusiasmo que causa el plan de Ajmadineyad para atacar a Israel con bombas atómicas y borrarlo del mapa, con esta frase:

Sin embargo, frente al escándalo que sus palabras causaron en Occidente, e incluso en sectores de la sociedad iraní, su desafío a Israel tuvo una acogida positiva entre muchos musulmanes de todo el mundo, que ven a diario la humillación de los palestinos en televisión.

No estoy diciendo que Angeles Espinosa dice que lo que propone Ajmadineyad es razonable porque la conozco y sé que no piensa así. Pero si Angeles, como yo, ha visitado los pueblos palestinos dentro de Israel y ve como viven de bien los palestinos en Israel, creo que explicar una actitud positiva de los musulmanes hacia el posible genocidio que propone Ajmadineyad resulta poco acertado. Especialmente, teniendo en cuenta que las bombas atómicas que Ajmadineyad está construyendo y anunciando matarán a todos: a los ciudadanos israelíes judíos, a los árabes y a los palestinos de Cisjordania y Gaza, ya que los hongos nucleares poco discriminan.

Luego está el tema de cómo El Pais fue tradicionalmente utilizado para defender los intereses económicos del Grupo Prisa, empezando por la famosa guerra digital entre Canal Satélite y Via Digital que terminó con la victoria de Prisa, y siguiendo con la promoción cotidiana de las acciones de Prisa, los ratings de Prisa, la cobertura de los premios que dirigentes de Prisa reciben y todo esto sin la advertencia que usamos en los blogs, que dicen cosas como “tengo inversiones en tal o cual empresa cuando hablo bien de ella”.

Y, por último, la portada de hoy de El País en la que dice literalmente “Los Manejos de El Mundo para engordar el bulo de la conspiración“. Para mi, este comentario lanzado a su principal rival refleja nuevamente una falta de ética periodística. Un periódico no puede atacar a otro de esa manera sin decir que además son rivales como empresas. Lo que le falta a El País es el principio tan usado por la prensa norteamericana del “disclosure”. En los blogs cuando escribimos sobre algo en lo que tenemos intereses económicos lo tenemos que decir. Los medios anglosajones siempre cuentan sus intereses económicos para explicar una postura periodística cuadno los intereses chocan. El País rara vez hace lo mismo.

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