Como comento en este vídeo, el modelo de gestión de suelos tiene importantes consecuencias en el estilo urbanístico español. Dadas las actuales condiciones del sector inmobiliario, las constructoras pueden transformar pueblos antiguos (como San Agustín de Guadalix) en lugares completamente masificados. Ya me he referido al problema del modelo de gestión de suelos de España, aunque desde el punto de vista de quien quiere vivir de forma sustentable. Hoy, quiero referirme a las consecuencias de este modelo en el estilo urbanístico de España.

Desde su nacimiento, las ciudades y los pueblos se han transformado al compás del desarrollo social. Sin embargo, uno de sus encantos más típicos ha permanecido inmutable: la diversidad. En aldeas, pueblos o ciudades las personas siempre han elegido como vivir, creando sus casas y sus estilos de vida. Y el resultado ha sido maravilloso: el paisaje urbano es un universo único, atravesado por la pluralidad y la convivencia de gustos, épocas y estilos. Hoy, sin embargo, el modelo de gestión de suelos español pone en jaque esta convivencia. Sus regulaciones, en combinación con un boom inmobiliario sin precedentes, están transformando el paisaje urbano con una increíble rapidez. Vasta recorrer las afueras de Madrid para ver cómo se transforman pueblos enteros y surgen de la nada barrios totalmente estandarizados.

El problema es que, según la normativa urbanística de la Ley del Suelo (1992), la edificación en España es únicamente posible en el suelo categorizado como urbanizable y sólo mediante la aprobación de un Plan Parcial y de un Proyecto de Urbanización. En estos casos, el propietario tiene que ceder el 10% del terreno y debe urbanizar. Es decir, está en la obligación de costear las infraestructuras de conexión a los sistemas generales y ceder el suelo preciso para equipamientos (redes de agua, gas electricidad, viales, hospitales, colegios públicos, parques, etcétera), ateniéndose a los plazos de urbanización y edificación establecidos por la ley. Pero la realidad es que el propietario que obtenga la categorización de suelo urbanizable también puede vender su terreno antes de comenzar a urbanizar (por un precio mucho mayor al que tenia antes de ser recategorizado) y luego, el que venga detrás (generalmente una empresa inmobiliaria o una compañía constructora), promover un convenio urbanístico para que le permitan una mayor edificabilidad – con lo que recuperará lo pagado y mucho más.

Dadas las actuales exigencias de descentralización metropolitana y la necesidad física de suelo, este modelo provoca entonces una enorme especulación respecto al valor de los terrenos y espantosa corrupción en torno a la recategorización de los suelos. En el litoral y en las afueras de las grandes ciudades, especialmente, donde existe un interés económico real en desarrollar promociones urbanísticas, los municipios obtienen importantes ingresos a través de los “convenios urbanísticos” en los que los particulares ceden terreno o pagan dinero por el cambio de calificación de un suelo. Basta ver el “Mapa de la Especulación” para tener un claro panorama de lo que esta pasando en España. En Cienpozuelos, por ejemplo, las presuntas irregularidades en la recalificación del Cerro de los Sotos podrían haber supuesto una comisión de 40 millones de euros a los dos últimos alcaldes de Ciempozuelos, para que la empresa Esprode pudiera construir 5.200 nuevas viviendas.

Pero este modelo tiene, además, importantes consecuencias paisajísticas. En general, son las grandes empresas inmobiliarias y compañías constructoras las que sacan provecho de los suelos urbanizables. Y el resultado de sus acciones es el urbanismo masificado: chalets adosados que avanzan sobre el paisaje español transformando el estilo urbanístico de los pueblos así como el estilo de vida de sus habitantes. Como muestro en el video, esto es lo que sucede en San Agustín de Guadalix. Y ejemplos similares son el pueblo de Benahavís, en la Costa del Sol, que con tan solo 2.265 habitantes comenzó en 2005 la construcción de 90.000 nuevas viviendas; o Cuevas de Almanzora, un pueblo con 11.000 habitantes en donde se planificó la construcción de 148.000 casas.

Lo preocupante es que estos procesos de urbanización no resultan de la multiplicidad de esfuerzos individuales, sino de la acción interesada de las empresas que (sin eficientes regulaciones del Estado) actúan únicamente según las fuerzas del mercado. Si bien estoy a favor del libre mercado, creo que esta urbanización voraz y poco regulada no sólo es poco sostenible desde un punto de vista ecológico sino que esta transformando rápidamente y sin aparente reflexión, el estilo urbano del país. Los barrios dejan de ser universos únicos, resultantes de las diferencias individuales y el transcurrir de la historia, y se vuelven lugares sin identidad. Habiendo nacido en un país más nuevo, en el que no es posible andar en bicicleta entre edificios medievales y paisajes históricos, encuentro esta situación particularmente preocupante. Seria una pena descuidar el valor urbano de España por la debilidad del marco legal y la acción estatal y la especulación de unos pocos.

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