En “Sosteniendo lo insostenible” argumentaba que, desde mi punto de vista, el ecologismo europeo no es realmente sostenible dado que sólo es sostenible mientras pocos lo practiquen. En ese artículo di ejemplos sobre cómo la comida orgánica sin fertilizantes y conservantes no es factible porque si todos la consumiéramos no alcanzarían las hectareas cultivables para producirla y se aumentarían mucho las emisiones de carbono al transportarla, que las energías renovables no son hoy en día factibles porque los consumos de energía son tan altos que habría que llenar toda España, de paneles solares y aerogeneradores si solo quisiéramos vivir de energias alternativas y que el biocombustible en masa tampoco es sostenible porque haría que nos quedáramos sin comida en un mundo donde aún una gran parte importante de los seres humanos está desnutrida. Y no solo es el ecologismo europeo elitista sino que es poco solidario ya que mucho de los ecologistas europeos están a favor de barreras aduaneras significan frenos para que los agricultores de otros paises puedan recibir un ingreso razonable por sus productos alimenticios. Estos productos en su conjunto son producidos de manera mucho más ecológica que en Europa ya que son más baratos porque gastan menos energía por tonelada producida. El resultado es que Europa protegiendo a sus agricultores termina dando la mayoría de los subsidios pocos terratenientes y además contribuyendo más de lo necesario a las emisiones de carbono y al calentamiento global.

Por lo tanto si realmente queremos convertir la sostenibilidad en una ley general, tenemos que practicarlo en masa y cambiar radicalmente nuestra manera de actuar y vivir. Personalmente la única solución que veo es seguir el consejo de los ecologistas enfocados en cambiar la demanda, no tanto el tipo de oferta, lo que llaman las tres R, es decir reducir, reutilizar y reciclar. Mientras que no se perfeccionen y masifiquen las tecnologías alternativas, ésta es quizás la única alternativa para una sustentabilidad sostenible, y para el futuro de las próximas generaciones. Consumir menos de todo lo que sean recursos no renovables y punto. Este objetivo se puede lograr con una mezcla de educación e impuestos punitivos (ya argumenté hace poco que tenemos que aprovechar la baja del barril del $70 a $50 para no dejar que el combustible baje de precio y cobrar la diferencia en impuestos, quedárnoslas nosotros y reinvertirla en I+D para mejores alternativas renovables)

Actualmente, tal como lo establece la “Agenda 21”, la causa más importante del deterioro continuo del medio ambiente global son los patrones insostenibles de consumo y producción en los países industrializados – una quinta parte de la población mundial es responsable del 86% del gasto mundial en consumo. El mundo tiene tres focos de riqueza y por lo tanto tres focos de destrucción del medio ambiente. Estos son NAFTA, la UE y el llamado Pac Rim (Este de China, Japón, Corea y Taiwan). Aunque no todos los ciudadanos consumen recursos de la misma manera (los más gastadores son sin duda los estaounidenses) en su conjunto los habitantes de estos paises son responsables de la mayor parte de la destrucción ambiental del planeta.

Este impacto está cuantificado, entre otras metodologías, por el indicador “Huella Ecológica” que desarrolló el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF). Éste indicador analiza los patrones de consumo global para calcular la carga ejercida por los consumidores sobre los ecosistemas naturales. Específicamente, mide la superficie necesaria para producir los recursos consumidos por un ciudadano medio de una determinada comunidad, así como la necesaria para absorber los residuos que genera, independientemente de donde estén localizadas estas áreas.

A escala global, WWF ha determinado que la huella ecológica ha superado la capacidad de generación de recursos del planeta desde la década de 1980, y que ahora la humanidad está consumiendo el 120% de lo que produce el planeta. Se estima que si el actual escenario se mantiene, y se sostienen las tendencias de crecimiento lento y estable de la población y las economías, en el año 2050 la presión de la humanidad va a duplicar la capacidad productiva de la biosfera.

Ahora, yo me pregunto: ¿qué va pasar con la huella ecológica ahora que gran parte de Asia se está desarrollando copiando nuestra defectuosa horma y dejando huellas ecológicas tan grandes como las nuestras? Posiblemente, se desencadenará una crisis social, económica y ecológica sin precedentes. Actualmente, mientras la huella de un ciudadano de Bangladesh es 0,5 ha., la de un estadounidense medio es 9,6 ha. Esto significa que si los habitantes de Asia comienzan a consumir como un norteamericano, necesitaríamos casi dos planetas como la Tierra para cubrir la demanda de consumo. Además la falta de recursos como sabemos aumenta las posibilidades de conflicto armado. El precio del petroleo estará más y más correlacionado con la cantidad de conflicto armado en el planeta y luego del petroleo lamentablemente vendrán otros recursos.

Ya hace 15 años, durante la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro en 1992, el consumo sustentable fue identificado como uno de los retos clave para lograr un desarrollo sostenible. Y esto era antes de que China, India y otros países asiáticos comenzaran a adoptar “nuestro” estilo de desarrollo que tanto nos gusta predicar pero que tan poco sostenible es. Básicamente, el consumo sustentable significa: “El uso de bienes y servicios que responden a necesidades básicas y proporcionan una mejor calidad de vida, al mismo tiempo minimizan el uso de recursos naturales, materiales tóxicos y emisiones de desperdicios y contaminantes durante todo el ciclo de vida, de tal manera que no se ponen en riesgo las necesidades de futuras generaciones”.

Sin embargo, me parece difícil hablar de un consumo sustentable para todos si las necesidades actuales de consumo básicas y primarias no se han cubierto aún para toda la población del planeta ya que 1.300 millones de personas viven con menos de 1 dólar estadounidense al día y 1.000 millones son incapaces de cubrir sus requerimientos básicos de consumo. Pero el problema de la inclusión choca de frente con el problema del medio ambiente.

Ante estas perspectivas, creo entonces que en el corto plazo no existe otro camino que la disminución del consumo en los paises desarrollados promovida con impuestos punitivos a la energía similares a los que se aplican al tabaco y con campañas de educación. Mientras que no se modernicen los procesos de producción y se universalicen las tecnologías alternativas, la sostenibilidad más sostenible pasa por la reducción del consumo, así como por la reutilización y el reciclaje de los objetos. Hace poco estuve en Beijing/Pekin y casi me ahogo, nunca había estado en una ciudad tan contaminada. Espero que los propios chinos se den cuenta que hay algo fundamentalmente no escalable en nuestra manera de vivir y que aprovechen lo poco bueno que tiene el autoritarismo y es que obliguen a sus ciudadanos a adoptar un estilo de vida sostenible, para China y para el planeta que reduzca la enorme huella ecológica asiática.

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