disney miaSoy padre de seis hijos pero no psicólogo infantil así que lo que voy a exponer viene de mi experiencia y no de mis estudios. Aun así pienso que es igualmente válido. Es sobre la pregunta que una vez me hizo alguien sobre para qué necesita un niño de dos años vivir experiencias increíbles si luego no las va a recordar. Y esto es lo que pienso: sí, es bueno que viva experiencias increíbles, y no, no las van a recordar. Pero no es algo contradictorio. Me explico:

¿Por qué llevar, por ejemplo, a tu hijo de dos años a Disney World o a cualquier otro lugar de vacaciones hecho especialmente para niños? Pues porque, según mi punto de vista, los hijos están hechos de una “arcilla parental” muy especial que de alguna forma se solidifica al final de la niñez. Sí, ellos tienen su propio molde o estructura pero sobre ésta, cada día cumpliendo tu función de padre añades algo de arcilla. Sí, cada día. Y lo que debería preocuparte como padre es que en un día flojo en términos de paternidad, por ejemplo por ausencia, también añades algo de arcilla pero de mala calidad y con poco cariño. Ese día también tenías tu oportunidad, la oportunidad de moldear a tu hijo, e hiciste mal tu trabajo. Y eso marca. Quizá otro día te convertiste en el genio de la paternidad, estuviste inspirado y conectaste con tu hijo de dos años de una manera muy especial. Ese día tu hijo consiguió arcilla de calidad, con mucho amor. Y también esa arcilla le marcó pero para bien, construyendo parte de su personalidad. Sí, los niños son así. Lo que importa no es lo que recuerden sino cómo se construyen, cómo son moldeados por ti, día tras día. Espero que ahora se entienda por qué es bueno llevar a tu hijo a un gran evento que probablemente él o ella acabe olvidando. Porque ese día serás mejor artista, mejor padre y ese día moldearás a tu hijo de manera positiva y para siempre. Y así todos los días que ejerzas bien como padre ya sea en Disney World o en el parque de debajo de casa.

Hoy, Leo (5 años) no quería el iPad durante el camino en coche al colegio. Antes solía llorar si no lo conseguía. Leo es el cuarto de mis cinco hijos.

Hay que tener en cuenta el peligro que supone decirle a un niño que no puede hacer algo que le encanta: va a querer hacerlo aun más.

En términos de valoración, el mero hecho de no darle permiso aumenta el valor que el niño le da a esa actividad. Por esto, como padre, tengo una estrategia comprensiblemente cuestionada pero muy distinta: Mi teoría es que si siempre pueden hacerlo, los niños aprenden a autorregularse y decir que no por sí mismos. Al final, ese acceso sin restricción lleva a un autocontrol a través de la saciedad o del propio aburrimiento, especialmente después de pasar la fase adictiva a esa actividad o juguete que quieren incesantemente. Por mi experiencia, la adicción suele ser, en general, a ver la televisión, a comprar juguetes o a jugar a la videoconsola.

Por supuesto, esta estrategia parental necesita mucha sangre fría por parte de los padres para soportar que los niños hagan esas actividades que normalmente no querrían que hicieran. Es duro esperar hasta que los niños por si mismos se den cuenta de que lo bueno, demasiadas veces, llega a ser aburrido.

Tom (18 años), solía estar enganchado a ir a la tienda de juguetes y jugar con todo. Y muchas veces cumplía con sus deseos. Con el tiempo, por excederse, se aburrió de este consumismo infantil y de estar delante de las pantallas. Como resultado, ahora que tiene 18 años no quiere nada, ni siquiera regalos de cumpleaños. Y eso es lo que quería. Es un chico ahorrador y odia el consumismo compulsivo. De hecho, ahora me critica constantemente por consumir demasiado, por ejemplo por mi adicción a las bicicletas. Tom dedica todo su tiempo a su novia, sus amigas, oír música, estudiar y todo lo que para él es divertido. A los 14 años estaba enganchado a los videojuegos pero ahora a los 18 no hace ninguna actividad que pueda ser considerada como adictiva. Esa estrategia funcionó con él.

Termino comentando el caso de mis tres hijas: creo que ellas son más sociales, menos adictas a los juguetes y menos propensas a pasar horas interminables delante de una pantalla. Parece ser que los chicos son más propensos a las actividades que generan adicción y quizá decir “no” podría no ser la solución al problema.

Nací en Argentina, me formé en Estados Unidos y vine a España con muchas ganas de emprender en 1995. Desde entonces hice JazztelYa.com y Fon, la empresa que dirijo hoy en día, que es la red WiFi más grande del mundo y se gestiona entre Londres y Madrid.

Tengo 5 hijos criados en España. La mayor con 21 años está a 4 meses de graduarse en Columbia University y ya tiene muy buenas ofertas de trabajo en Nueva York, además está creando su primera empresa. La segunda está en medio de su licenciatura en Biología en New York University. El tercero, el año que viene estudiará Física en USA o Inglaterra. Ya tengo bastante claro que mis hijos mayores pasarán por lo menos una década en el extranjero. El cuarto y la quinta aún tienen 5 años y 5 meses.

Espero que cuando a Leo y a Mia les toque estudiar en la universidad y trabajar, las cosas sean como eran aquí en el 2007 (8% de paro), pero con una verdadera economía detrás. Una economía creativa y diversificada basada en la excelencia y no en pedir prestado, endeudar futuras generaciones y construir elefantes blancos, como fueron las últimas décadas.

Espero que para el año 2025 el español medio haya aprendido a crear, contribuir y competir en un mundo globalizado, algo que aún salvo por algunas empresas brillantes, no es la norma. Espero que gracias a esto tenga a mis hijos, e inclusive mis futuros nietos, sentados en la mesa los domingos con nuestro asado argentino, que seguimos haciendo en Madrid. Espero que España no estalle por el camino.

También espero que yo no haya tirado la toalla para entonces y haya emigrado a USA, Reino Unido, Alemania o Israel, países en los cuales los emprendedores somos mejor tratados. Países que entienden la importancia del trabajo de los emprendedores como motores de la economía. Espero quedarme porque no me parece que los competidores de España en lo laboral tengan la calidad de vida que aún se encuentra aquí, si eres uno de los afortunados que tiene un trabajo que te gusta y está razonablemente remunerado.

Es triste criar hijos y verlos emigrar. Yo me fui a la fuerza de la Argentina por la dictadura militar. Ahora hay otro tipo de emigración, mucho menos trágica pero no menos triste, que separa a la familia y a los amigos.

Gráfica de desempleo juvenil en Europa

Yoko Ono fue una de las participantes en la conferencia DLD en Munich a la que asistí el pasado fin de semana.  Tenía interés en escucharla y  busqué un hueco en mi agenda para verla, ya que he oído hablar de Yoko toda mi vida. Pero como sucede en muchas ocasiones,  habría sido mejor no ir a verla porque me causó una mala impresión . Lo resumiré en funcion a tres comentarios que hizo.

El primero fue que los bebés nacidos por cesárea sufren un trauma por no haber sido abrazados y por no haber podido decir un “adiós” a su madre.

El siguiente fue que los bebés concebidos por fecundación in vitro nunca llegan a querer a sus padres. No hizo ningún comentario sobre los bebés concebidos  in vitro y además, nacidos por cesárea, pero puedo suponer la pena que siente por ellos.

Haste este momento ya había herido sin razón en torno al 20% de los bebés del planeta, pero no era suficiente. Siguió insultando al resto del planeta diciendo que no necesitamos esperar a una guerra nuclear para que sólo sobrevivan las cucarachas ya que nosotros, los humanos, somos las cucarachas. Y prosiguió dando sus razones.

Al final cambió su tono y dijo un montón de cosas positivas sobre la humanidad, incluso dijo “all you need is love“. Pero supongo que para un niño concebido por fecundación in vitro el amor no es suficiente, ya que nunca va a querer a sus padres.

Mia Varsavsky nació esta mañana.  Todos estamos bien y muy felices. Aquí os dejo esta foto a las dos horas de su nacimiento. Nina estuvo fantástica, fue valiente, segura de sí misma y mantuvo la sonrisa en todo momento. Mia  también tuvo su parte de lucha durante el parto, pero le hemos asegurado que la vida mejorará con el tiempo. El nacimiento tuvo lugar en la Clínica Ruber Internacional en Madrid a manos del Dr. Luis Recasens,  un destacado obstreta que le practicó la cesárea. No hay lugar a duda,  yo tuve la parte más fácil 🙂

Tengo 4 hijos, en un mes nace el quinto. Ser padre es lo mejor que me ha ocurrido en la vida. Supera a cualquier logro profesional. Pero ser padre no es siempre fácil. Cada chico trae sus desafíos. Mi cuarto hijo trajo el desafío del habla. A diferencia de sus hermanos mayores no habló corrientemente hasta los 4 años, que es lo que tiene ahora. Es decir hasta hace unos meses. Y debo admitir que sufrí mucho con el tema. Sus hermanos mayores hablaban a los dos años igual de bien que el a los 3 y medio. No lograba armar frases, tener conciencia del yo, cuando finalmente habló lo hizo en tercera persona sobre si mismo. Solo ahora entendió el uso de la primera persona. Hace pocos meses.

Durante estos difíciles años en los que sus compañeritos hablaban y él no, fuimos a ver psicólogos infantiles. Fue una mala experiencia. Así como 3 médicos pueden ver a un chico y coincidir en un diagnóstico, digamos conjuntivitis, 3 psicólogos diferentes vieron a mi hijo y cada uno dijo otra cosa. La psicología no es una ciencia y en caso de niños con problemas como el de no hablar, no entienden los mismos psicólogos lo que está pasando. Yo por suerte seguí fiel a mis principios: mejor no saber la respuesta de algo que estar convencido de algo que no es y descreí de los 3 diagnosticos diversos de los psicólogos. Estaba convencido que mi hijo no tenía problemas psicológicos, se conectaba muy bien con todo salvo el habla. En lo único que si sirvió ver a los psicólogos es en entender que nuestro hijo no tenía nada concreto y obvio porque sino hubieran estado de acuerdo. Además ayudó que es el cuarto hijo. Seguro que no la primera hubiéramos ido de tratamiento en tratamiento hasta que hubiera hablado igual a los 4 años. Pero debo reconocer que fueron años angustiosos.

Lo interesante fue como se curó el tema. Con paciencia, amor y tiempo por parte de el y toda la familia. Fue como que su cerebro un día hizo click. Y se puso a hablar sin que nada específico cambiara en su entorno. Lo que por años fue un entendimiento por sonidos y signos con las manos se transformó en lenguaje, gramática, estructuras. Pero no solo a hablar, lo curioso es que se puso a leer también. ¡Aprendió a hablar y leer al mismo tiempo! A escribir también aunque solo con teclados ya que no tiene aún la coordinación motriz para escribir a mano pero reconoce letras como sonidos, une los sonidos en palabras y le da significado a las palabras. Ahora está al nivel de sus compañeritos.

Conclusión, si tu hijo no habla pero parece normal en todo lo demás ten paciencia. Con atención, cuidado, amor, y tiempo al final hablará. No conozco adultos que son normales, no son mudos ni sordos, pero no hablan. Es todo cuestión de tiempo. Y mi consejo, no escuches a psicólogos que te culpan a ti o a las circunstancias de tu hijo de su problema. En un caso una de las psicólogas decía que los padres teníamos que tratarnos con ella. El habla parece ser algo que cuando se desarrolla, se desarrolla, y que antes de tiempo no hay manera de lograr que un chico hable.

Termino con una advertencia: si tu chico además de no hablar no se “conecta” ahí si que puede ser que tenga un problema serio y si recomiendo ir a un tratamiento. Pero Leo fue siempre cariñoso y comunicativo, aunque hasta hace poco curiosamente, sin lenguaje.

Como lectura recomendada, aquí os dejo este artículo sobre el tema.

Ya está. Se acabó la adaptación. Luego de 4 días Leo se adaptó. Ya va a al cole solo. Esta mañana lo vi decidido, entusiasmado, decía el nombre de sus compañeritos Haruto, Maxi, Noa, Lionel, Raquel, Arun, y el de sus profes, Covadonga (para los no españoles Covadonga es un nombre de mujer español), y Kumal (nombre de mujer de la India). Como se ve, un cole muy globalizado. Entró al cole diciendo “Hola” a todos, y me animé. Le digo adiós Leo, me doy vuelta y me voy, temiendo el grito que por suerte no vino. Me quedé 15 minutos espiando afuera a ver si lo escuchaba llorar, pero no lloró el campeón.

Para los que no leyeron sobre el proceso de la adaptación escolar aquí está la descripción. Fue un gran logro para él y quizás también para mi. Primero por haberme aguantado estar en el cole y vivir yo mismo bajo sus reglas. Pero, segundo, porque charlando con un gran amigo español y contándole lo que estaba haciendo me dijo, “haces muy bien porque el primer recuerdo de mi vida es llorar sin parar cuando mis padres me dejaron en la guardería”. Es por esto que creo en la adaptación.

En nuestro caso, Leo y yo, la hicimos en solo 4 días. Y ahora Leo tendrá otro primer recuerdo. Algo más lindo. Quizás será “el día que le dije adios a mi papá en la guardería, y no lloré”.

Paul Klee 1928, Bauhaus

Image via Wikipedia

Sigo con el tema de que España tiene la tasa de natalidad de su población nativa más baja del mundo, récord que frecuentemente disputa con Italia y Japón. Ya dije que creo que una mujer u hombre que quieren tener hijos ahora y que ya contribuyeron por lo menos 5 años a la seguridad social, podrían pedir 2 años de pensión para cuidar de su bebé a cambio de jubilarse a los 67 y no a los 65. También dije que en España faltan guarderías o ayudas a los padres para criar chicos, y efectivamente es así.

Pero el otro tema que salió de algunos comentaristas y que quiero resaltar, porque comparto, es el tema de los abuelos. En España ahora por cada hijo que tiene un español nativo los inmigrantes tienen dos y esto es de destacar porque en general los inmigrantes no tienen a sus padres en España. Lo que yo me pregunto es si no habría que redefinir la abuelidad.

Yo creo que de alguna manera los abuelos tienen que jugar un rol más importante en la crianza de sus nietos que el que juegan en la España actual. Esta es la tercera pata que falta para que España no desaparezca en el olvido. La primera es la ayuda por parte del Estado para el cuidado de niños, la segunda una pensión durante el tiempo que los niños tienen menos de dos años para que puedan ser cuidados por sus padres, que es lo mejor, y la tercera es que si no están los padres, que estén los abuelos.

No me parece un gran logro de la modernidad haber librado a los abuelos de ayudar en la crianza de sus nietos. Además, me parece que la democracia tiene un enorme defecto no dándole a los padres votos extras por sus hijos de los cuales son custodios hasta que ellos votan. En las democracias actuales, si uno estudia, ve que los viejos son desproporcionadamente más ricos que los niños y esto es porque los niños no votan. Pero no siempre es así y hay abuelos ejemplares que se dedican muchísimo a sus descendientes. Este fue sin duda el caso de los míos. Así que ya que estoy en el tema de los abuelos, aprovecho para agradecer a mis abuelos, especialmente a mis dos abuelas, Ora Alperovich de Waisman Diamond y Juana Soifer de Varsavsky por haber participado tan activamente y haberme ayudado tanto. También agradezco a Rosa, que era la niñera que tuve de pequeño y que aún va a casa de mi madre cuando voy de visita a cocinarme su tarta Pascualina (los argentinos sabrán que es) y sus increíbles panqueques de dulce de leche (no digo su apellido por razones de seguridad, es decir los secuestros aún comunes en Argentina).

Termino el post con una anécdota de mi abuela Ora Alperovich de Waisman Diamond (en la Argentina cuando alguien se casaba se decía de algo que suena mal, pero es así). Para los que me escriben insistentemente que una persona que deja de trabajar se queda afuera y nunca más puede volver a su carrera laboral les cuento que mi abuela Ora nunca trabajo…hasta que tuvo 50 años y se cansó de vivir de mi abuelo. Mi abuelo, Gregorio Waisman Diamond, apodado Goyo, era un abogado corporativo muy de derechas y dado a jugar al golf y otras cosas muy chetas o pijas, como se dice en España (si pijas sorry, se dice así aquí). Pero bueno, resulta que el exitoso abuelo mío, abogado jefe de la empresa de seguros La Continental, se vió “humillado” por mi abuela que a los 55 años ganaba más dinero que él.

¿Cómo? Resulta que mi abuela Ora hizo de su pasión, el arte, un trabajo fundando la galería de arte Galatea en la calle Viamonte. Y lo hizo sin capital, adentro de una librería en una parte que la librería no usaba. Y lo hizo después de luchar contra el cáncer exitosamente y perder un ojo. Así fue que cuando yo era chico y mis padres con sus sueldos de profesores no les alcanzaba para comprarme algo tipo patines para el colegio, mi mamá me decía “andá a pedírselos a Ora”. Y yo de chico me la pasaba mirando libros de arte en la galería de mi abuela.

Ahora, por ejemplo, tengo un Paul Klee y fue mi abuela la que me hablaba de Paul Klee y me enseñaba allá por 1968, cuando yo tenía 7 años, a muchos artistas que “pintaban como chicos”. Y es a ella a quien le debo la colección de arte que tengo y especialmente un Xul Solar que compré. Cuando mi abuela ya era muy mayor se mantuvo hasta su muerte vendiendo cada tanto uno de los cuadros que le habían quedado de su galería. Algunos los compraba yo, pero, a diferencia de los 14 familiares que mantengo, a mi abuela nunca la mantuve, sino que simplemente le compraba algunos de sus cuadros.

Finalmente llegó el día y Alexa ingresó formalmente a Columbia. El siguiente es un video en el que cuento como es este dia en el que todos los alumnos que ingresan a la Universidad van ocupando sus dormitorios.

Como padre y ex alumno de Columbia, donde obtuve un master en Relaciones Internacionales y un MBA, no puedo estar más orgulloso de Alexa por haber ingresado a esta universidad, en particular en el año en el que el ingreso fue el más dificil en la historia de Columbia.

Leo, mi hijo menor tiene solo un año y medio pero hace meses que antes de irse a dormir le pongo unos 15 minutos de Baby Einstein, una serie de videos que le gusta mucho. Pero a este punto estoy que no puedo más con Baby Einstein y esta noche empecé a buscar cosas en Youtube para que viera algo diferente. El resultado fue una fiesta, especialmente para mi. Fue enorme mi sorpresa cuando encontré que en Youtube estaban las series de mi infancia, las canciones de mi infancia y terminé cantandolas yo con gran entusiasmo, especialmente las de Maria Elena Walsh que son increiblemente poéticas. Es interesante porque lo que hay en Youtube son videos amateurs basados en las canciones, algunos son encantadores.

El final terminé creando un canal llamado Leo en mi Youtube, aquí va. En realidad lo tendría que haber llamado Martín porque este sería mi canal de los primeros años de mi vida.

http://www.youtube.com/watch?v=fU0tvt7XRIE
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