En varias entrevistas me han preguntado cómo nos comportamos los argentinos en el extranjero. ¿Competimos entre nosotros? ¿Nos ayudamos? Mi respuesta ha sido que los argentinos que vivimos en el extranjero, ya sea en Estados Unidos, Europa o América Latina, coincidimos en el diagnóstico sobre los males que acosan a la Argentina y tendemos a colaborar entre nosotros. En general nuestra opinión es que la Argentina está gobernada por gente que no está al nivel del pueblo argentino o, dicho de otra manera, que el pueblo argentino fracasa a la hora de elegir a sus gobernantes. Pareciera que cuando tenemos que votar caemos en luchas partidarias absurdas entre facciones que no logran un consenso y que aumentan aún más el deterioro del país y el desprestigio de sus instituciones pero que, sin embargo, dominan el debate público.

5574844-3x2-700x467En cambio, en el extranjero los argentinos no sólo coincidimos en que en la Argentina no se logra el mínimo consenso para construir el bien común, sino que incluso se observan encuentros sorprendentes. Son muchos los ejemplos de argentinos que unidos a argentinos han triunfado en equipo en el extranjero. Hay parejas de arquitectos exitosos, como Machado y Silvetti o Agrest y Gandelsonas, que han llegado a los decanatos de Harvard y Princeton. Messi y Di Maria, futbolistas de enorme éxito en España, de equipos enfrentados pero unidos para el mundial. Además existe una fuerte colaboración informal entre empresarios, como es mi caso con Wenceslao Casares, el creador de Patagon y Lemon Wallet app, radicado en Silicon Valley, o con el exdirector deportivo del Real Madrid, Jorge Valdano. Son personas con las que comparto, en charlas informales pero importantes, los problemas de la emigración, la adaptación y a veces los duros desafíos de la profesión.

Pero, curiosamente, el otro día, casi por azar, me enteré de que los emigrados argentinos más exitosos no somos ninguno de los empresarios ni los arquitectos ni los jugadores de fútbol ni los odontólogos o psicólogos tan bien cotizados en otros países, sino que son curiosamente un grupo de hormigas argentinas de la especie Linepithema humile. A ellas y a su maravilloso cambio de comportamiento en el extranjero quiero dedicarme en este artículo.

La historia de las hormigas Linepithema humile , relatada por el ecólogo Laurent Keller, de la Universidad de Lausana en Suiza, es un ejemplo curioso de lo que puede ocurrir con los argentinos en su país y al emigrar. Desde que leí sobre su éxito no dejo de sorprenderme.

Las Linepithema viven hoy en día principalmente en tres países que tienen mucho que ver con nuestra historia: en la Argentina, donde son autóctonas, y en España e Italia, donde empezaron a llegar hace unas décadas viajando como polizones en buques mercantes que salían de Buenos Aires. Pero lo curioso de estas hormigas no es sólo que hayan emigrado de la misma manera que hoy en día están emigrando muchos argentinos, es decir, “de polizones”, pidiendo pasaportes españoles e italianos y entrando en esos países listos para votar y gozar de todos los derechos que esas ciudadanías otorgan sin haber nunca vivido antes ahí. Lo especial es que estas hormigas en la Argentina son conocidas por su ferocidad entre miembros de la misma especie.

PARA UN ESOPO CRIOLLO

En nuestro país, aunque son todas argentinas, las Linepithema humile tienden a luchar ferozmente entre colonias por territorios imaginarios, luchas que terminan frecuentemente en verdaderas guerras civiles en las que mueren muchos de sus participantes. En Europa, en cambio, Laurent Séller nos explica que las hormigas argentinas han cambiado totalmente su comportamiento. Al emigrar, no sólo ya no se pelean entre ellas sino que han logrado tal colaboración entre los mismos grupos que normalmente se disputaban territorios por nuestros pagos, que han creado una “supercolonia de hormigas” que se apoyan unas a otras, luchan exitosamente contra las hormigas españolas e italianas y logran posiciones de liderazgo. Hoy en día, las colonias de hormigas Linepithema humile se encuentran entre las más importantes de España e Italia.

hormigas argentinas

Parece que en Europa las Linepithema finalmente escucharon a Martín Fierro cuando nos decía: “Los hermanos sean unidos, porque ésa es la ley primera”, y colaboraron olvidando su afán de poder personal.

Creo que si tuviéramos un Esopo argentino, es decir, un ingenioso escritor local que usara el mundo animal para ilustrar nuestras debilidades, se aprovecharía de la historia de las Linepithema humile argentinas que no son capaces de ver que, mientras sus congéneres europeas disfrutan colaborando, ellas sufren la amarga vida de la guerra civil. Una guerra civil que se vivió en los años 70 cuando una minoría de militares se apropió del país robando y matando y que en la última década se revivió cuando una minoría de políticos y empresarios se apropió del país, esta vez sólo robando, pero con tanta afición que el país quedó en una ruina absoluta. Mientras tanto, las Linepithema humile que emigramos logramos establecernos con éxito en los países más desarrollados, pero saboreando un triunfo amargo al leer las noticias de que nuestras congéneres, las hormigas que se quedaron en el país de origen, siguen embarcadas en inútiles luchas fratricidas sin poder elegir líderes exitosos.

¿Podremos los humanos lograr lo que las hormigas no han logrado? ¿Seremos capaces de replicar en nuestro país los modelos de desarrollo que con éxito adoptaron otros países europeos, que hasta hace no mucho tiempo vivían, en parte, de nuestros productos alimenticios y ahora contemplan con horror los casos de desnutrición en la Argentina?

Espero de todo corazón que así sea, que la moraleja de esta fábula sea justamente que los argentinos, a diferencia de nuestras hormigas, logramos finalmente adoptar las medidas que hacían falta para luchar contra la corrupción, para elegir líderes honestos y aptos para gobernar y que colaborando creamos una colonia grande y próspera.

Fotos: Abc.net.au y ElComercio.es

(Este artículo fue publicado originalmente en La Nación)

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