Mis lectores saben muy bien que no soy una persona religiosa. No creo en un Dios creador y todopoderoso, pero si entiendo que haya personas que crean en él de esa manera y que busquen llegar a Dios a través de intermediarios, ya sean curas, imanes o rabinos. Lo que no puedo entender es cómo alguna de estas personas, en este caso un cura, Christian Von Wernich, una persona en teoría mucho más cercana a Dios y a lo que éste transmite a través del nuevo testamento, un mensaje supuestamente de amor, participó tan activamente en la represión durante el Proceso de Reorganización Nacional que dejó 30.000 muertos y desaparecidos en Argentina, entre ellos mi primo hermano David Horacio Varsavsky.
Christian von Wernich nació en Concordia (una ciudad ubicada en la provincia argentina de Entre Rios, para mis lectores no argentinos) en 1938 y se ordenó en 1976, el mismo año en el que Jorge Rafael Videla y la Junta Militar llevaron a cabo el golpe de estado. En ese entonces el jefe de la policía bonaerense, Ramón Camps (otro represor que en 1986 fue condenado a 25 años de prisión por hallarlo culpable de 73 casos de tormentos seguidos de asesinatos, luego fue indultado en 1990 por Carlos Menem y que finalmente falleció en 1994) lo nombró oficial para que pudiera desempeñarse como capellán de la policia bonaerense.
Von Wernich, si bien ya había declarado como imputado en el juicio a la Junta Militar de 1985, fue sentenciado a cadena perpetua esta semana por su participación en delitos de lesa humanidad que incluyen 7 homicidios, y 31 secuestros seguidos de tortura en los centros de detención clandestinos Puesto Vasco, Coti Martínez y el Pozo, todos ellos ubicados en la provincia de Buenos Aires.
Personalmente, estoy muy contento con este fallo no solo porque de alguna manera siento que hace, al menos, un poquito de justicia con mi primo David, sino porque espero que los familiares de los asesinados y torturados por este cura (entre los que se encuentra mi buen amigo Javier Timerman, hijo de Jacobo Timerman, quien fue secuestrado y torturado por Von Wernich) encuentren algo de paz con este fallo.
Ahora creo que es el turno de la Iglesia de dar un mensaje claro respecto respecto de este tema. No solo tiene que explicar por qué como institución apañó a un cura que ya había declarado en el juicio a las Juntas en calidad de acusado de encubrir torturas y desapariciones. Lo apañó de manera tal que entre 1996 y 2003, año en que fue detenido, Von Vernich ejerció como párroco en El Quisco, una localidad veraniega de Chile, donde se escondió bajo una falsa identidad y se hacía llamar Christian González. Las explicaciones de la Iglesia en este sentido son pobres, evasivas, y giran en torno a que en realidad no se escondía porque nunca fue condenado.
Ahora si fue sentenciado y a cadena perpetua. Pero hasta el momento solo hubo una disculpa pública de su superior, el obispo y monje benedictino Martín de Elizalde, ya que Von Wernich nunca ha pedido disculpas públicas durante el juicio, pero tanto de Elizalde como la cúpula de la Iglesia Católica Argentina evitaron explayarse sobre las sanciones al cura. Esto es particularmente grave e importante, dado que la iglesia tiene sus propias leyes que se rigen por el derecho canónico, y hasta que no sea sancionado se da la absurda situación por la cual Von Wernich puede dar misa y ejercer de cura en la cárcel donde va a pasar el resto de sus días.
Quiero finalmente aportar desde mi blog, más allá de este post, mi granito de arena como recordatorio constante de por qué personajes como Von Wernich deben estar en la cárcel, sea en Argentina como en cualquier parte del mundo. Es por eso que comparto con vosotros algunas de las frases vertidas por los testigos que declararon en su contra y que dejan en claro el horror que se vivía durante la dictadura y las atrocidades cometidas por Von Wernich.
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