Recibo muchos comentarios en este blog y, en general, muy buenos. Casi todos los publico sin responder. Elijo no hacerlo, porque no quiero iniciar diálogos muy largos de comentarios conmigo, sino que prefiero que estos queden escritos tal cual con otros enviados y que la gente pueda reflexionar. Además, quiero agradecer a toda la gente de cuyos comentarios aprendo muchas cosas nuevas.

Mi esposa y yo estuvimos en el Pacífico Sur sin internet, sin DVDs y sin televisión. Uno de los lugares a los que viajamos fue la pequeña isla de Tikehau, una hermosa barrera de corales. No exactamente la isla de Tikehau, sino  en una islita aún más pequeña en las cercanías, que no tiene autos y en total tendrá una población de 80 personas.

Ella leyó “Guerra y Paz”, un libro de Tolstoi de unas 2000 páginas, mientras que yo me dediqué a cumplir un objetivo mucho más modesto: leer el libro “Breve Historia de Casi Todo”, de Bill Bryson, de sólo 600 páginas. Para mi, leer un libro tan extenso resulta tan difícil como escalar el Aconcagua, porque ahora la mayoría de las cosas que leo lo hago desde Internet, y raramente agarro algún libro. ¡Y menos si tiene 600 páginas!

De todas formas, en parte por la falta de alternativas y principalmente porque lo encontré fascinante, terminé todo el libro. ¡Y definitivamente lo recomiendo! No voy a resumir su contenido entero, pero sí escribiré algunos de sus comentarios al azar, en parte inspirado por el mismo libro y en parte por mi propio pensamiento sobre el Pacífico Sur.

Los humanos son los únicos animales que se pueden dañar a la distancia. Esta es una de las tantas frases del libro, que voy a complementar con otra de mi autoría: los seres humanos son los únicos animales cuyos enemigos más peligrosos son miembros de su propia especie. Hasta los animales más peligrosos no necesitan temer a su misma especie. Los leones no temen a los leones; los tiburones no temen a los tiburones. Inclusive habiendo nadado durante el viaje al lado de peligrosas rayas marinas, se que si alguna vez me va a herir algún animal (dejando de lado las bacterias, claro), lo hará un ser humano.
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Naturaleza vs crianza. Yo tiendo a inclinarme por el segundo. En general, creo que la educación o crianza juega un rol muy importante en la personalidad y en las habilidades de la mayoría de las personas. Pero en el caso de al menos un tipo de orientación sexual, mi experiencia, aquí en el Pacífico Sur, me genera ciertas dudas.
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Este también es un punto difícil de sostener. En el anterior pude haber sonado como homófobo, y ahora en este comentario quizás suene racista. Pero aquí va de todas formas, y se refiere a los melanesios y a los polinesios.

Mi afirmación es que los polinesios parecen ser personas mucho más admirables que los melanesios. Debo aclarar que mi contacto con ambos grupos fue bastante limitado y se resume a algunos paseos en mountain bike. De todas maneras, aquí van mis comentarios luego de haber viajado una semana por Melanesia (Nueva Caledonia) y algunos días más por la Polinesia (Tahití, Moorea, Bora Bora y Tikehau).
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Hace dos años escribí un artículo titulado “Programando a los Humanos durante las Vacaciones”, en el que argumentaba que descifrar el genoma humano constituía el primer paso de un arduo proceso para entender la genética. Decía que mientras algunas personas temían que el hecho de experimentar con genes se daría en unos pocos años, mi pensamiento era que probablemente estamos a un siglo de distancia de poder cambiar los programas genéticos de los seres vivos, siendo el primer objetivo el de revertir el proceso por el que envejecemos.
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Leí en el libro de Bill Bryson que nuestro cerebro conforma sólo en 2% de nuestra masa corporal, pero requiere del 20% de la energía que consumimos. ¡Y no sólo eso! Dado que el cerebro regula cuanta energía es distribuida a cada parte del cuerpo, cuando se produce un desfasaje en éste, el cerebro se asegura de que sean otros los órganos que sufran primero.

De la misma manera que los chips para computadoras, nuestro cerebro requiere de una tremenda energía para funcionar correctamente. Si esto es así, entonces aquí va una idea: piensa más y entonces menor cantidad de la comida que ingieras se convertirá en grasa.

Estuve por dos semanas en el Pacífico Sur, más precisamente en Nueva Caledonia y en la Polinesia francesa. Creo que fue el período más largo desde 1994 que estuve sin Internet, sin utilizar una computadora, sin escribir correos electrónicos o navegar.

Nueva Caledonia y Tahití pertenecen a Francia y, para utilizar su terminología, son parte de los territorios franceses de ultramar. En muchos aspectos son parecidos a Francia: el PBI es similar, los autos que conducen son los mismos y el pan es también (afortunadamente) el mismo que comen en Francia. Sin embargo, hay una diferencia sustancial, y es que prácticamente no hay acceso a Internet. Francia está en la Unión Europea, y allí France Telecom fue forzada a competir contra otras telefónicas, mientras que dicha competencia es inexistente en Nueva Caledonia o en Tahití. Así es como los servicios que ofrece el monopolio en los territorios de ultramar son tremendamente pobres. Debería haberlo sabido.
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Los seres humanos somos competitivos, nos gusta compararnos, ver qué tal nos va en comparación con otros. Dicen que Lacan sostenía que el deseo es el deseo del otro. Bueno, si esto efectivamente es así, aquí va una idea para usar el deseo de otro para medir el éxito.

En el caso de las universidades, una de las grandes medidas de éxito es ver el ratio de estudiantes que quieren ingresar versus los estudiantes aceptados. Es la vieja ley de la oferta y la demanda. Cuantos más estudiantes quieren entrar con respecto a los que entran (recuerdo que en Columbia, donde fui yo, eran 10 a 1) más exitosa se considera la universidad. Siguiendo esta idea, creo que se podría construir un nuevo índice de éxito de los países. Yo lo llamaría el “indice de atracción del país”.
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Hola a todos,

Como habrán visto, he estado de viaje durante el último mes. Mi conexión a internet a estado limitada durante gran parte de mi viaje, y no he podido leer mis mails con frecuencia.

Sin embargo, quiero agradecerles a todos los que han sugerido nuevos nombres para mi próxima compañía aérea y han dado su opinión al nombre que quise consultar y compartir con ustedes: Air Noveau. Todavía no sabemos cómo llamaremos a la aerolínea (siempre y cuando obtengamos los permisos para hacerlo), pero estén seguros de que tendremos en cuenta todos los comentarios volcados por ustedes en mi blog.

Saludos y muchas gracias a todos.

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